Palabra: Walter Morales C.

Bolivia requiere mayor productividad, no informalidad

"En 1960, el habitante latinoamericano promedio tenía un 20% del ingreso de un estadounidense típico, comparación que se realiza como estándar proxy para estimar avances. Hoy, la situación sigue siendo prácticamente la misma. El caso boliviano, es aún más dramático, pese a mejorar, pasamos solo de 7.5% a 12%"

Por Walter Morales Carrasco, Vicepresidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz

Recientemente, tuve el agrado de participar de la presentación del Reporte Anual Economía y Desarrollo de CAF, un gran aporte, por su alto grado de claridad descriptiva, apoyado en una serie de herramientas metodológicas de relevamiento y contrastación de datos, pese a las limitaciones, principalmente en Bolivia, y la heterogeneidad entre países. Dicho estudio arroja remarcables conclusiones.

Para empezar, se evidencia que, en 1960, el habitante latinoamericano(AL) promedio tenía un 20% del ingreso de un estadounidense típico, comparación que se realiza como estándar proxy para estimar avances. Hoy, la situación sigue siendo prácticamente la misma. El caso boliviano, es aún más dramático, pese a mejorar, pasamos solo de 7.5% a 12%, lo cual indica que nuestro rezago estructural no se acerca ni al promedio AL de hace 60 años. Ejemplos de comparación interesantes las encontramos en España y Corea del Sur, que pasan de 7% y 1/3, respectivamente, a 2/3 del nivel norteamericano, ambos. Ergo, se puede mejorar, y bastante.

El principal responsable de nuestro rezago sería la baja productividad. Estamos hablando específicamente del producto por habitante, que depende de qué tantas horas dedica la persona promedio a trabajar y con qué productividad lo hace. Y aquí lo interesante, no es que trabajamos menos, tampoco tenemos menores dotaciones de recursos, el elemento crítico es la Productividad Total de los Factores (PTF), que mide la eficiencia con la que se combinan capital físico y capital humano.

Al continuar desglosando nuestra productividad encontramos que no son algunos sectores los rezagados, son todos. Y los factores explicativos refieren la falta de un ecosistema institucional y encadenamientos productivos que incentiven y no castiguen la formalidad.

Punto aparte para la informalidad en Bolivia, de las más altas, por encima del 60%. Un estudio, que realicé adicionalmente, demuestra que no somos informales por falta de conocimientos o estudios, lo somos porque resulta rentable serlo. Las implicaciones conllevan factores institucionales profundos que van desde la estructura productiva de la región, que presenta dos rasgos característicos. Primero, que el empleo se concentra en unidades relativamente pequeñas e informales (menos productivas, con mayor rotación de personal, menor emparejamiento entre capacidades y tareas). Segundo, menor competencia, porque precisamente las barreras de entrada y salida (poca flexibilidad para emprender) son altas y eso conlleva menores eficiencias de los actores.

Finalmente, el rol del crédito en la asignación del capital. Se mencionan problemas de acceso al financiamiento que pueden impedir que empresarios talentosos lleven a cabo proyectos con potencial. El crédito al sector privado en AL representa 50% del PIB, mientras que en países como Japón o Estados Unidos se encuentra alrededor de 200%. Bolivia tiene un nivel de 64%. La limitante es que casi no existe Venture Capital, Semilla, o de Riesgo, no necesariamente atribuible a la Banca, que no es su responsabilidad directa. En los países que más se ha desarrollado el emprendedurismo, se requieren fondos estatales específicamente destinados a ello, como también superar restringidas visiones regulatorias que incrementen las posibilidades de innovar. Volvemos a lo mismo, ecosistemas poco desarrollados, reducen la innovación, lo cual repercute en firmas más pequeñas, vulnerables, menos internacionalizadas y en definitiva menos productivas.