Palabra: Orlando Saucedo Vaca

Crecimiento económico y contaminación ambiental

"La calidad del medio ambiente debe considerarse como un bien normal, en el sentido que un mayor nivel de crecimiento económico debe ser compensado con regulaciones gubernamentales para mayor inversión y protección del medio ambiente"

Por Orlando Saucedo Vaca / Director del Colegio de Economistas de Santa Cruz

El estudio realizado por Simon Kuznets (1955), donde compara el crecimiento económico y la inequidad de los ingresos permitió a los autores Grossman y Krueger (1995) dar origen a la hipótesis de la Curva Ambiental de Kuznets (CAK), la cual relaciona el crecimiento económico con la contaminación ambiental, es decir, el crecimiento económico genera contaminación ambiental esto debido por ejemplo a que se necesitarían desforestar más hectáreas de bosques para sembrar soya, criar ganado para producir carne y leche para alimentar el crecimiento.

Por otro lado, expertos entre ellos, Panayotou (1993; 1997), menciona que los países que se encuentran en el cambio de su estructura económica, del sector primario (materia prima) al sector industrial tal como China, Corea del Sur, Tailandia o México, están más contaminados que hace 20 o 30 años atrás, mientras que los países considerados industriales, como USA, Reino Unido y Japón tienen menos contaminación, de la que registraban cuando optimizaron su desarrollo industrial y alcanzaron su punto de inflexión hace 20 o 30 años en el pasado.

Esto se explicaría debido a que a medida que un país se desarrolla esta CAK se inclina hasta tener forma de U invertida,   ya que un país desarrollado cambiaría los hábitos de consumo, pues sus ciudadanos tienen más conciencia ambiental, el país moderniza sus fábricas para contaminar menos, renuevan su parque automotor por otro menos contaminante, etc.

En el caso boliviano la evidencia empírica sugiere que no existiría dicha CAK –no se habría llegado al punto de inflexión- ya que existe una relación lineal entre el crecimiento económico y la contaminación ambiental (Banegas & Salas 2014), es decir, la relación entre el crecimiento económico y la contaminación es desbalanceada, en otras palabras dado el actual modelo económico no se avizora que la contaminación ambiental disminuya. Lo que quiere decir que de seguir el actual desbalance vamos a seguir viendo más Chiquitanía en llamas.

Como en economía las ideas se ponen a prueba con datos, tenemos que entre los principales hallazgos encontrados por Banegas & Salas se tiene que un incremento del 1% en el crecimiento del ingreso per cápita provoca un cambio porcentual de entre 1,5% y 1,7% en la emisión de dióxido de carbono, lo que querría decir que si el ingreso per cápita se incrementa en 4,5% la contaminación ambiental per cápita se incrementaría en un 6,8%.

En tal sentido el país se enfrenta ante una disyuntiva entre mayor crecimiento económico y menor contaminación ambiental. Un rasgo importante de esta disyuntiva es que no se trata de reducir la contaminación a cero; éste no es el objetivo. La solución óptima exige reconocer el coste marginal que supone la externalidad de la contaminación para la sociedad. Tras reconocer el coste marginal externo, suele ocurrir que en la solución óptima queda algo de contaminación. Esto se debe a dos razones esenciales: los contaminantes en dosis moderadas no son muy dañinos en la mayoría de los casos, y es muy caro producir algún bien sin contaminar en absoluto (Acemoglu, Laibson & List, 2019).

Es por eso que la calidad del medio ambiente debe considerarse como un bien normal, en el sentido que un mayor nivel de crecimiento económico debe ser compensado con regulaciones gubernamentales para mayor inversión y protección del medio ambiente (Copeland & Taylor, 2004).