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Palabra: desafío

La tercera generación, el reto de toda empresa familiar

En Bolivia, cuatro firmas pasaron la barrera de la segunda y tercera generación y lo hacen con mucho éxito. La tecnología, cultura y valores son algunos de los desafíos que enfrentan las empresas familiares

Sobrevivir a la tercera generación en una empresa familiar representa un desafío cada más difícil. Es una etapa donde muchas empresas mueren, afirmó Nuria Vilanova, CEO de Atrevia. Comentó que el escenario se torna más difícil con los constantes cambios en el mundo y los adelantos tecnológicos, y “solo las empresas capaces de anticiparse al futuro sobreviven”.

Manuel Bermejo, presidente en The Family Advisory Board, firma especializada en la asesoría de familias empresarias en Europa y América Latina, indicó que en la región sólo el 30% de las empresas familiares llegan a la segunda generación, y de esas sólo el 3% trasciende a una tercera generación. Esto debido fundamentalmente a la falta de comunicación entre sus miembros.

Explicó que la empresa exitosa, que trasciende con el tiempo, es aquella que constantemente se reformula y tienen una conciencia de los cambios en el mundo de los negocios. Entre las claves de éxito mencionó también la tecnología. La empresa debe adecuarse rápidamente a los avances tecnológicos y priorizar la educación a las generaciones siguientes para que puedan absorber la visión empresarial, además de transmitir valores y principios de la compañía.

Una de las dificultades que atraviesa la tercera generación en una empresa familiar, donde se conforma un ‘consorcio’ de primos, es que la cultura, visión, valores y tradición no siempre son los mismos; es ahí donde los padres deben trabajar en el compromiso y la educación en los hijos.

Empresas exitosas

Fridolin, una de las cadenas de pastelería más grandes de Bolivia, con 44 años de funcionamiento, hoy tiene como directores a la tercera generación. Jan Paulo Anglarill Jessen, nieto de los fundadores, asumió el liderazgo de la empresa, junto a su hermana Karen, quienes lograron hacer de Fridolin una corporación.

“Cambiar la estructura de una empresa familiar a una corporación fue el gran desafío interno que enfrentamos como familia, nadie de mi familia ocupa hoy un puesto operativo”, indicó el empresario.

La empresa con más de 20 sucursales en Santa Cruz tiene un nuevo reto: extenderse en el eje troncal a través de franquicias. “Estamos analizando crecer a través de franquicias, es algo que estamos aun explorando”, indicó y mencionó que la cuarta generación se está preparando para incursionar en el negocio, y que por lo pronto realizan sus estudios en el exterior.

Por su parte, el grupo Kuljis, que tiene empresas en el sector ganadero, retail, financiero, entre otros, va por la tercera generación de empresarios. Primero fue Mateo Kuljis, luego su hijo Ivo Kuljis y ahora son los nietos quienes dirigen las inversiones.

“Somos 20 personas, miembros de la familia que estamos involucrados en el grupo”, indicó Ivo Kuljis, presidente del Banco Económico y socio propietario de Hipermaxi. 

El ejecutivo señaló que en un grupo empresarial familiar siempre existe la crisis ya que la economía es muy dinámica y la empresa debe ser flexible para adecuarse a los cambios. “En una empresa familiar aprendí que siempre las decisiones se toman mejor en equipo y siempre hay una mejor forma de hacer las cosas”, destacó.

Continúan el legado

Jean Pierre Antelo, además de ser director tesorero en Cainco, es miembro de la segunda generación de la empresa Mersur, una de las agencias de despachantes de aduana más importantes del país, con 40 años de trayectoria. Fue fundada por sus padres Miguel Antelo y su madre Medul Dabdoub.

El ejecutivo, expresó que la empresa se encuentra en un proceso de implementación de protocolo familiar, el que instruye a las futuras generaciones las directrices para asumir un lugar en la empresa. “Uno de los requerimientos es que la persona tenga experiencia laboral fuera de la empresa”, apuntó.

Manuel Chen, gerente general de La Porcina, heredó el sueño de su padre: “producir carne de cerdo de primera calidad”, y fue más allá de administrar y sacar adelante la hacienda El Espino. Desde el 2013 inició la industrialización de cerdo con calidad premium, hoy producen más de 30 productos que son comercializados en el Open Mall, del Urubó y en otros supermercados, hoteles y caterings.