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Generación Z, con la mayor precariedad laboral

El análisis se basó en el Índice Multidimensional de Calidad del Empleo (IMCE), construido bajo el modelo de Alkire y Foster, que evalúa múltiples dimensiones del trabajo más allá del simple acceso al empleo.

Investigación. Un estudio del Observatorio de Mercados Económicos y Opinión, de la Utepsa, revela que los trabajadores de la Generación Z y las mujeres son los más afectados. El informe revela que un 68% de los centennials no tienen acceso a un seguro social y que un 27% no firmó un contrato formal.

Un estudio desarrollado por la Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz (Utepsa) sobre la calidad del empleo en Santa Cruz de la Sierra, advierte que la precariedad laboral no solo persiste, sino que se profundiza y se transmite entre generaciones, afectando con mayor intensidad a los jóvenes de la Generación Z y a las mujeres, configurando un problema estructural del mercado laboral regional entre 2023 y 2025.

El análisis se basó en el Índice Multidimensional de Calidad del Empleo (IMCE), construido bajo el modelo de Alkire y Foster, que evalúa múltiples dimensiones del trabajo más allá del simple acceso al empleo. Los resultados de 2025 confirman un escenario preocupante: el IMCE promedio alcanzó apenas 0,45, prácticamente sin mejoras respecto al 0,43 registrado en 2023 y por debajo del promedio nacional histórico de 0,47. Esto evidencia que el deterioro en la calidad del empleo se mantiene y no responde únicamente a coyunturas económicas recientes.

Uno de los datos más relevantes del estudio es que la Tasa de Incidencia de Mala Calidad del Empleo llegó al 68%, es decir, más de dos tercios de la población ocupada en Santa Cruz se encuentra en empleos precarios. A ello se suma una intensidad de precariedad del 59%, lo que implica que quienes tienen empleos de baja calidad sufren privaciones simultáneas en más de la mitad de las dimensiones evaluadas, como estabilidad laboral, ingresos, protección social y condiciones contractuales.

El estudio identifica además un deterioro intergeneracional marcado. La Generación Z presenta el IMCE más bajo (0,36), en clara desventaja frente a las Generaciones X (0,44) e Y (0,42). Esta situación se refleja en mayores niveles de inestabilidad: el 27% de los jóvenes trabaja sin contrato formal, el 7% lo hace como aprendiz o pasante sin remuneración y el 4% como trabajador familiar no remunerado. En materia de ingresos, el 60% de esta cohorte se concentra en el rango salarial más bajo, reduciendo de manera significativa el peso de los ingresos laborales en su calidad de empleo.

La brecha de género agrava aún más el panorama. El IMCE de las mujeres (0,41) es consistentemente inferior al de los hombres (0,47), y en el caso de las mujeres jóvenes de la Generación Z, la situación es crítica: el 92% se encuentra en empleos de mala calidad, con una intensidad de precariedad elevada, lo que confirma una vulnerabilidad extrema y persistente.

Desde la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (FEPSC), señalaron que los resultados del estudio son interpretados como la confirmación de que la baja calidad del empleo es un problema estructural, vinculado a desafíos históricos de productividad, informalidad y adecuación del capital humano a las necesidades reales del aparato productivo. El sector empresarial reconoce que no basta con generar empleo, sino que es necesario avanzar progresivamente hacia empleos más estables, productivos y sostenibles, en un marco que preserve la viabilidad económica de las empresas.

La FEPSC indica que las empresas están implementando acciones graduales para mejorar la inserción laboral juvenil, como programas de primer empleo formal, pasantías remuneradas, capacitación técnica y formación dual, así como ajustes progresivos en las estructuras contractuales para favorecer la formalización conforme se consolida la productividad del trabajador.

En la misma línea, Eliana Otondo, presidenta de la Asociación Boliviana de Gestión Humana (Asobogh), explicó que la precariedad laboral está estrechamente ligada a la alta informalidad del país, que según la OIT alcanzó el 82,3% en 2025, y al predominio de sectores como comercio y servicios, caracterizados por alta rotación y contratos temporales. A ello se suma el desajuste entre la formación universitaria y las demandas reales del mercado, así como los nuevos patrones laborales de la Generación Z, para los cuales muchas empresas aún no están preparadas.

Otondo destacó iniciativas empresariales como programas de capacitación juvenil, fortalecimiento del liderazgo femenino, planes de trainees y altos potenciales, y estrategias de retención y engagement diferenciadas por generación, orientadas a construir trayectorias laborales más sostenibles para jóvenes y mujeres.

Tanto el estudio como las posiciones empresariales coinciden en la necesidad de políticas públicas focalizadas, que incentiven la formalización, reduzcan la burocracia, revisen la estructura de costos laborales y actualicen la normativa vigente, incorporando esquemas de flexibilidad laboral con acceso a protección social. Asimismo, se subraya la importancia de un monitoreo continuo del IMCE por sector, con participación de academia, Estado y sector privado, como herramienta técnica para identificar brechas, diseñar políticas más efectivas y avanzar hacia un modelo de Trabajo Decente, clave para la cohesión social y el desarrollo sostenible de Santa Cruz y del país.

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