EN MEDIO DE INCERTIDUMBRE

Banco Mundial proyecta un crecimiento global de 2,7 % hasta 2027

A finales de 2025, casi todas las economías avanzadas ya habían recuperado e incluso superado sus niveles de ingreso per cápita de 2019.
El informe Perspectivas Económicas Mundiales señala que la economía global mantendrá un crecimiento moderado de 2,6 % en 2026 y 2,7 % en 2027, impulsado por la resiliencia de Estados Unidos, aunque advierte que una de cada cuatro economías en desarrollo sigue siendo más pobre que en 2019.

La economía mundial está mostrando una capacidad de resistencia mayor a la prevista, aun en un contexto de tensiones comerciales, cambios en las políticas y elevada incertidumbre global. Así lo señala la más reciente edición del informe Perspectivas Económicas Mundiales del Banco Mundial, que proyecta un crecimiento global del 2,6 % en 2026 y del 2,7 % en 2027, cifras que representan una revisión al alza respecto a las estimaciones de mediados de 2025.

El organismo multilateral explica que esta resiliencia se apoya, en gran medida, en un desempeño mejor de lo esperado de Estados Unidos, que explica cerca de dos tercios de la revisión positiva para 2026. Sin embargo, el informe advierte que este comportamiento no es suficiente para revertir una tendencia estructural más preocupante: la década de 2020 podría convertirse en la de crecimiento más débil desde los años sesenta.

La desaceleración está teniendo efectos desiguales. A finales de 2025, casi todas las economías avanzadas ya habían recuperado e incluso superado sus niveles de ingreso per cápita de 2019. En contraste, alrededor de una de cada cuatro economías en desarrollo continúa siendo más pobre que antes de la pandemia, ampliando la brecha de niveles de vida a escala global.

Durante 2025, el crecimiento estuvo respaldado por un aumento temporal del comercio, impulsado por adelantos en las transacciones ante cambios regulatorios y por reajustes en las cadenas de suministro. No obstante, el Banco Mundial prevé que estos factores pierdan fuerza en 2026, en un escenario de debilitamiento del comercio y de la demanda interna. Aun así, la flexibilización de las condiciones financieras internacionales y la expansión fiscal en algunas economías grandes deberían amortiguar la desaceleración.

La inflación mundial, según el informe, continuaría descendiendo hasta el 2,6 % en 2026, reflejo de mercados laborales más débiles y de la caída de los precios de la energía. El crecimiento repuntaría gradualmente en 2027, a medida que se estabilicen los flujos comerciales y disminuya la incertidumbre en torno a las políticas económicas.

“Cada año que pasa, la economía mundial muestra menos capacidad de generar crecimiento y, al mismo tiempo, más resiliencia frente a la incertidumbre”, señaló Indermit Gill, economista en jefe del Banco Mundial. No obstante, advirtió que esta combinación no puede sostenerse indefinidamente sin afectar a los mercados financieros y a las finanzas públicas, especialmente en un contexto de niveles históricamente elevados de deuda pública y privada.

En las economías en desarrollo, el crecimiento se desaceleraría del 4,2 % en 2025 al 4 % en 2026, para luego repuntar levemente al 4,1 % en 2027. Los países de ingreso bajo mostrarían un mejor desempeño, con un crecimiento promedio del 5,6 % en el período 2026-2027, impulsado por la demanda interna, la recuperación de las exportaciones y la moderación inflacionaria. Sin embargo, el avance no sería suficiente para cerrar la brecha con las economías avanzadas: el ingreso per cápita de los países en desarrollo alcanzaría apenas el 12 % del nivel de los países ricos.

El informe subraya que estas tendencias complican el desafío del empleo, especialmente en un contexto en el que 1.200 millones de jóvenes ingresarán al mercado laboral en las economías en desarrollo durante la próxima década. Para enfrentar este reto, el Banco Mundial propone un enfoque integral basado en tres pilares: fortalecer el capital físico, digital y humano; mejorar el clima de negocios mediante mayor credibilidad de las políticas y certidumbre regulatoria; y movilizar capital privado a gran escala para sostener la inversión.

Finalmente, el organismo pone el foco en la sostenibilidad fiscal. Con la deuda pública de las economías emergentes y en desarrollo en su nivel más alto en más de 50 años, el restablecimiento de la credibilidad fiscal se vuelve urgente. En ese marco, el informe destaca el rol de las reglas fiscales —límites al déficit, la deuda o el gasto público— como herramientas que, cuando están bien diseñadas y respaldadas por instituciones sólidas, pueden contribuir a estabilizar las finanzas públicas, atraer inversión privada y fortalecer la capacidad de respuesta ante choques externos.