Economistas cuestionan el modelo económico tras discurso presidencial del Bicentenario
El presidente Luis Arce destacó avances en industrialización e infraestructura en su mensaje por los 200 años de Bolivia. Sin embargo, los presidentes del Colegio de Economistas de Santa Cruz y Tarija advierten que el país enfrenta desequilibrios fiscales, pérdida de reservas y falta de reformas estructurales para recuperar la sostenibilidad económica.
Desde la Casa de la Libertad, en Sucre, el presidente del Estado, Luis Arce, dio su discurso por el Bicentenario de Bolivia, en el cual hizo un repaso histórico desde la colonia hasta la actualidad, en donde destacó la reivindicación de la resistencia indígena, procesos de nacionalización y la refundación del Estado Plurinacional.
El eje central de su discurso fue la industrialización como "camino irreversible hacia la independencia económica". Arce señaló que su gobierno entregó más de 170 plantas industriales en todo el país, entre ellas la planta de siderurgia del Mutún y centros de biodiésel, además de haber impulsado 56 proyectos de exploración hidrocarburífera, 18 de los cuales calificó como exitosos.
“Hoy Bolivia tiene la reserva de litio más grande del mundo, minerales, hidrocarburos y una biodiversidad inmensa”, afirmó. Aseguró que la estrategia gubernamental busca transformar estos recursos en valor agregado para el país, sin entregar su control a intereses extranjeros.
El mandatario resaltó también que Bolivia alcanzó el 100% de cobertura de fibra óptica, que se ejecutaron más de 2.200 km de carreteras y puentes, y que se construyeron más de 85.600 viviendas en todo el país. En salud, destacó que el Sistema Único de Salud (SUS) brinda cobertura gratuita a más de 8,2 millones de personas y que se han entregado 10 hospitales y 3 centros de medicina nuclear.
Análisis crítico
Sin embargo, para la presidenta del Colegio de Economistas de Santa Cruz, Claudia Pacheco, el mandatario omitió un balance sincero de su gestión y no asumió responsabilidad sobre los problemas estructurales que enfrenta la economía boliviana.
“El presidente debió haber hecho un balance de todo su gobierno, ya que está a punto de salir. Decir claramente que se tienen problemas en materia monetaria, reservas internacionales, déficit fiscal y gasto público. Creo que ese hubiera sido el primer paso para mostrar algo de sinceridad a la población”, afirmó Pacheco.
Desde su perspectiva, el modelo económico que defiende el Gobierno no es tal, sino un esquema basado exclusivamente en el gasto. “El hecho de que ni el actual gobierno ni las facciones que pugnan por las elecciones del próximo 17 de agosto reconozcan esto, puede traer altos riesgos a la ya deteriorada economía que vivimos los bolivianos”, advirtió.
Pacheco alertó que la falta de reformas estructurales puede derivar en una degradación de la calificación crediticia del país, un escenario que, según sus palabras, “va a costar revertir en el tiempo”. Por ello, hizo un llamado a la ciudadanía a reflexionar sobre la importancia del voto como herramienta decisiva ante el escenario electoral.
Según el análisis de Fernando Romero, presidente del Colegio de Economistas de Tarija, el jefe de Estado evitó reconocer el desgaste del modelo económico vigente, que durante años se financió con ingresos extraordinarios por exportaciones de gas natural a Brasil y Argentina. Sin embargo, con la caída sostenida de la producción hidrocarburífera y sin ajustes en la estructura del gasto, el modelo ha agotado su sostenibilidad.
“Ha funcionado con un gasto público elevado que se financiaba principalmente por la venta de hidrocarburos (...) pero como la misma producción y venta de gas natural ha caído, los ingresos también. No así el gasto”, explicó.
Romero advirtió que la economía nacional enfrenta una “crisis gemela”, reflejada en 11 años consecutivos de déficit fiscal y un déficit comercial creciente. A esto se suma la pérdida de reservas internacionales, que han caído un 90% entre 2014 y 2024, y una deuda pública que ya se aproxima al 90% del PIB. Según el economista, Bolivia solo ha logrado mantener reservas por encima de los 2.000 millones de dólares debido al “extraordinario” precio internacional del oro.
En su lectura de la coyuntura actual, el economista cuestionó la falta de seguridad jurídica y la baja capacidad del país para atraer inversión extranjera: “No por nada hemos captado 10 centavos de dólar por cada $us 100 que han llegado a la región”.
Romero también destacó que la situación inflacionaria es preocupante. Según datos recientes, la inflación acumulada a julio bordea el 17%, superando cifras de años anteriores. A esto se suma un crecimiento económico bajo, de apenas 0,73% en 2024, en un contexto donde las principales agencias internacionales ya han rebajado la calificación de riesgo país para Bolivia.
Sugerencias al nuevo Gobierno
Ambos economistas coincidieron que el nuevo Gobierno debe adoptar una postura de recorte inmediato de gastos superfluos como propaganda estatal, viáticos excesivos, devaluación o reforma de subvención de carburantes, como medidas para la estabilización.
Pacheco, instó a eliminar el Impuesto a la Transferencia Financiera (ITF) para restaurar la confianza de los ciudadanos en el sistema financiero y levantar los cupos a la exportación junto con la aprobación de biotecnología sin restricciones.
En temas logísticos, recomendó revisar la política de importación de combustibles subsidiados, con el fin de aplicar un recorte más eficiente que mitigue el impacto del ajuste en los precios. Además, subrayó la necesidad de garantizar la independencia del Banco Central de Bolivia (BCB) para revisar el tipo de cambio y avanzar en una estrategia monetaria autónoma.
Por su parte, Romero, añadió que el nuevo Gobierno tendrá que asumir medidas drásticas como un ajuste fiscal, una eventual devaluación o reforma a la subvención de carburantes. “Serán medidas antipopulares, pero necesarias para estabilizar una economía duramente golpeada”.
Romero concluyó con una reflexión sobre el momento económico que vive el país en el año de su Bicentenario: “Históricamente sí se tiene que celebrar los 200 años, pero económicamente creo que no estaría de más que se nos caiga una lágrima por la mejilla”.