Bolivia tiene un gasto de hasta $us 1.000 millones anuales por falta de acceso soberano al mar
El impacto económico de no tener litoral se refleja en cifras alarmantes que frenan el desarrollo del país. De acuerdo con el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Bolivia pierde millonarias sumas debido al sobrecosto logístico por no contar con acceso soberano al mar.
Bolivia, país mediterráneo desde la Guerra del Pacífico, sufre pérdidas anuales que superan los $us 1.000 millones, equivalentes al 3% del Producto Interno Bruto (PIB). Este costo deriva principalmente de sobrecargos en logística y comercio exterior, factores que limitan la competitividad en mercados globales.
El país depende del puerto de Arica (Chile) para movilizar un 80% de sus exportaciones, con sobrecostos estimados del 20% en transporte, impactando la minería, su principal actividad exportadora. El sector pierde competitividad frente a países vecinos como Perú o Chile, que tienen acceso directo al mar y costos reducidos, advierte Bloomberg en su portal web.
Además, se calcula que 15% del tiempo adicional en procesos de transporte afecta la cadena de suministro, aumentando los precios de bienes importados y restando rentabilidad a la agroindustria y la manufactura.
Jaime Dunnn, economista y analista boliviano, cita estudios de la ONG Oxfam para indicar que el crecimiento de los países en vías de desarrollo sin litoral era de entre 1% y 2% inferior a aquellos que si tienen costa.
En el caso boliviano, esto se agrava teniendo en cuenta que los costos de transporte desde Bolivia hasta puertos chilenos son significativamente altos. Además, los transportistas enfrentan demoras en las fronteras, con tiempos de espera promedio de 30 a 40 horas, lo que incrementa aún más los costos logísticos.
Por su parte, el economista y profesor de IE University, Juan Carlos Martínez, dice a Bloomberg Línea que si bien es difícil de precisar la pérdida económica que para Bolivia supone no tener acceso soberano al mar, “el Gobierno boliviano lo estimó en una pérdida de 2 puntos de PIB al año”.
En cualquier caso, explica que la no salida al mar de Bolivia “no es una excusa para su débil desarrollo económico. El problema de la economía boliviana es su falta de diversificación y su dependencia de la explotación de recursos naturales, y no creo que esa situación cambiase por gozar de una salida al mar soberana”.
Fuente: WB LPI Index. IFF. El Índice de Desempeño Logístico (Logistics Performance Index, LPI) es una herramienta desarrollada por el Banco Mundial (WB) para evaluar la eficiencia logística de los países en el comercio internacional. Un puntaje bajo en el LPI refleja desafíos significativos en su sistema logístico.
Uno de los impactos más notorios de la falta de acceso soberano al mar se refleja en el comercio internacional, dado que las exportaciones bolivianas se ven reducidas en alrededor de 45% debido a los altos costos de transporte y las barreras administrativas, según el análisis de Jonathan Fortún, economista del IIF.
Entre 1975 y 2020, añade Fortún, estas pérdidas acumuladas llegaron a los $us 35.700 millones, al tiempo que Bolivia enfrenta brechas en materia de exportaciones con respecto a países vecinos como Chile o Perú, “atribuible en parte a desafíos logísticos y estructurales que limitan su competitividad en el comercio internacional”.
Sectores afectados
La industria minera boliviana, que aporta cerca del 40% de las exportaciones, enfrenta un alto impacto por la falta de un acceso soberano al Pacífico. La dependencia de terceros encarece el transporte de minerales y limita la posibilidad de atraer inversionistas que buscan eficiencia en costos logísticos.
Bolivia no solo pierde en comercio. Su aislamiento limita el desarrollo de infraestructura portuaria y redes de transporte multimodal, que podrían impulsar industrias clave y generar empleos. Asimismo, frena la capacidad de negociación en tratados comerciales globales.
Alternativas como la hidrovía Paraguay-Paraná han permitido acceso al Atlántico, pero el uso sigue siendo reducido. Acuerdos con Perú para potenciar el puerto de Ilo son incipientes, mientras que la construcción de corredores bioceánicos aún enfrenta desafíos financieros y políticos.