domingo. 23.06.2024
DIAGNÓSTICO

Contrabando es parte del crimen organizado en la región; estudio revela que para los bolivianos no existe esta conexión

La abrumadora evidencia internacional muestra que en pocos años el contrabando se integró al crimen organizado en la región con el consecuente aumento de la violencia que ha llegado a niveles históricos. Pese a esto, un estudio realizado en el país revela que la población no percibe esta asociación y, por el contrario, piensa que es parte importante de la economía nacional. “Pese a los riesgos y a los reparos de “corrección política”, la gente consume y compra productos falsificados y vencidos”, asegura el estudio. Los expertos coinciden en que es necesario generar estrategias conjuntas a través de alianzas entre países.

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Efectivo militar en un operativo de comiso de productos de contrabando

En los últimos años el contrabando se ha convertido en parte del crimen organizado dedicado al narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de armas, la minería ilegal de oro y el lavado de dinero. Esta asociación delincuencial que no respeta fronteras, ha desencadenado el rápido crecimiento de la violencia en los países sudamericanos a través de decenas de clanes criminales que operan en toda la región al punto de que Sudamérica enfrenta una de las más graves crisis de inseguridad en la historia.

Sin embargo, un estudio revela que este ilícito no solo no es percibido como un delito, sino que, en Bolivia, las personas no lo asocian con el crimen organizado y menos con el narcotráfico o la trata de personas. Y no solo eso; para gran parte de los encuestados, el contrabando es considerado una base de la economía boliviana pese a ser ilegal.

Esta radiografía de la realidad sudamericana y nacional fue presentada por expertos de Bolivia, Chile y Perú en un evento denominado “Revelaciones sobre el crimen organizado y comercio ilícito” que busca generar conciencia acerca de la grave situación a la que se enfrentan los países de la región y que solo puede ser enfrentado a través de un trabajo conjunto y coordinado con estrategias regionales entre públicos y privados de todas las naciones afectadas.

De lo contrario, aseguró el exministro del interior de Perú, Rubén Vargas, “la región se enfrentará al desborde del crimen organizado transnacional”. Para ejemplificar la situación, Vargas citó el caso de Ecuador que se ha convertido en el hub del narcotráfico y la principal expresión del crimen organizado, según el Observatorio Ecuatoriano Crimen Organizado (OECO) hasta situarse, tristemente, como el tercer país del mundo con más droga incautada en 2021.

El experto y exfiscal de Chile, Carlos Gajardo asegura que el contrabando está vinculado con otros mercados ilícitos a través del crimen organizado. “La magnitud y origen transfronterizo obligan a las organizaciones a replicar modelos similares a los de otras actividades ilícitas como el tráfico de drogas, armas y trata de personas”, que se traduce en el aumento de la criminalidad.

Percepción del contrabando

Según el estudio realizado en El Alto La Paz, Cochabamba y Santa Cruz en diciembre del año pasado y propiciado por la Cámara Nacional de Industrias, el 48% de los bolivianos considera que el contrabando es en algún grado importante para la economía nacional. “Es un dato relevante para comprender el grado de legitimidad social y cómo entiende la opinión publica el fenómeno”, asegura.

Al ser una actividad importante en la economía, el estudio encontró que las personas no solo perciben que el ilícito creció sino que hay más bolivianos involucrados en la actividad. Una gran mayoría (59%) cree que el contrabando es una actividad en la que participa mucha gente boliviana común para tener ingresos, frente a un 30% que percibe que el contrabando está relacionado con redes delincuenciales extranjeras”.

Así, una revelación del estudio es que el contrabando es percibido como una “actividad legítima, socialmente permitida y masiva” de la población. Ante la consulta “El contrabando y el narcotráfico son dos actividades ilegales diferentes y separadas”, el 58% considera que es así y solo el 28% de los entrevistados considera que estos dos delitos operan de manera conjunta.

En la misma línea, el 48% piensa que la violencia generada por el contrabando solo afecta a las personas que están relacionadas con la actividad.

Uno de los temas más reveladores del estudio está relacionado con la calidad y el riesgo de consumir productos de contrabando falsificados o vencidos donde para un grupo no menor de personas, el precio está por encima de la seguridad.

Así, el 24% asegura que conoce los riesgos de los productos falsificados y vencidos de contrabando, “pero igual estoy dispuesto a comprarlos por la ventaja en precio y calidad” frente a un 65% que no lo haría porque son peligrosos para el consumo.

De la misma forma el 52% asegura que compra productos nacionales por su calidad y precio frente a un 40% que prefiere los productos de contrabando porque son de mejor calidad y más económicos.

Empleo y contrabando

Otra de las revelaciones del estudio es que para el 53% las autoridades deben frenar el contrabando por el impacto en el cierre de industrias y la generación de empleo frente a un 39% que afirma que si bien puede haber más empleo, el freno al contrabando se reflejará en el aumento de los precios por lo que es preferible seguir contando con productos baratos de contrabando.

“Aunque existe una conciencia clara de los perjuicios económicos del contrabando, incluyendo la pérdida de empleos formales, la desesperación por la falta de trabajo e ingresos bajos llevan a la población a consumir productos de contrabando y, paradójicamente, a apoyar las iniciativas contra esta práctica”, afirma el estudio.

Esta dualidad, prosigue, “refleja la complejidad de enfrentar el contrabando en un contexto donde las motivaciones económicas inmediatas a menudo superan las consideraciones de largo plazo para el bienestar colectivo”.

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