miércoles. 22.05.2024

El “lado B” de la deuda externa boliviana

 Luis Fernando Romero Torrejón es Presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija.

Recientemente el Banco Central de Bolivia (BCB) publico los últimos datos del estado de la Deuda Pública Externa a Mediano y Largo plazo de Bolivia a febrero de 2024, donde se observa que nuestro saldo al 29/02/2024 es de $us. 13.442,6 millones. Donde los PRESTAMOS (multilateral, bilateral y privados) representaron el 86,2% del total, en cambio, los TÍTULOS DE DEUDA significaron el 13,8%.

De nuestro prestamos multilaterales a quienes mas debemos es al BID, CAF y Banco Mundial, por un monto de $us. 8.605,1 millones, que es el 64% de toda nuestra deuda externa. Respecto a la deuda bilateral nuestros principales acreedores son China, Francia y Alemania, por un total de $us. 2.054,7 millones, representando un 15% de total adeudado al exterior. Los títulos de deuda u otros tipos de instrumentos de financiamiento externo, como los bonos soberanos, a la fecha ascienden a $us. 1.850 millones, cuyo repago esta en cuestionamiento por varias empresas calificadoras a nivel internacional.

El centralismo también se refleja en la administración de la deuda externa, al menos el 97% de estos préstamos son destinados o gastados por el gobierno central, por ejemplo, el TGN, Empresa Siderúrgica del Mutún, YPFB, FNDR, Banco de Desarrollo y otras entidades estatales son los principales beneficiados. En cambio, los Gobiernos Departamentales y Municipales del país reciben muy poco, alrededor del 2% de la deuda externa contraída; por ejemplo, las gobernaciones de Santa Cruz y Cochabamba apenas recibieron el 0,5% entre ambas, otras, como las de Tarija no recibieron prácticamente nada.

Según este último reporte del BCB, el indicador de solvencia, que mide la relación entre el saldo de la deuda pública externa y el Producto Interno Bruto (PIB), a febrero 2024 fue del 27%; sin embargo, con los últimos datos del PIB nominal 2023, que fue de $us. 45.464 millones, el indicador correcto sería de un 30%. Respecto al indicador de liquidez, el cual mide la relación entre el servicio de la deuda pública externa (capital más intereses) y las exportaciones, a febrero de 2024, fue de un 13,3%. Pero considerando que el servicio de la deuda hasta febrero 2024 fue de $us. 290 millones y las exportaciones de $us. 1.247,4 millones, tuviéramos como resultado un indicador mayor, de 23,2%.

Es evidente que, en los últimos años, principalmente desde la pandemia, nuestra solvencia y liquidez han bajado, acompañada por una creciente insolvencia fiscal y demostrada en una vigente escasez de dólares. Pagamos deuda con más deuda o con la venta de reservas de oro, y cada vez nos cuesta más importar, generando mayor presión inflacionaria en la economía.

Respecto a los montos contratados de deuda externa el año 2023, el total fue de $us. 1.557,4 millones, de los cuales el 79% fueron créditos bilaterales, principalmente con el Banco Mundial y el BID, y el 21% fueron prestamos bilaterales, donde destaca el de Francia ($us. 211,6 millones). Al mes de febrero de 2024 solo se evidencia una deuda adquirida por $us. 150 millones con el BID.

Desde 1996 hasta el 2023, el año 2017 fue la gestión donde más prestamos externos adquirimos, por $us. 3.132 millones, luego el 2016 por $us. 2.301,4 millones, le sigue el 2022 con $us. 2.049,8 millones y en 4to lugar el 2023 con $us. 1.557,4 millones.

Otro dato llamativo, es que, durante este periodo, en sus informes del BCB no hay registro de las asignaciones de DEG hechas por el FMI a nuestro país, los cuales deberían ser considerados como pasivos dentro de la deuda pública externa. Lo dice el mismo BCB de manera textual “Corresponde a Asignaciones DEG otorgadas por el FMI de manera precautoria en 2009 a los 186 países miembros, recursos que a la fecha Bolivia no utilizó. De acuerdo al VI Manual de Balanza de Pagos, las asignaciones DEG se registran como un pasivo del país miembro.”

Sin embargo, Bolivia si tuvo asignaciones y si uso sus DEG como país miembro, de hecho, su última asignación fue por 394,6 millones de DEG ($us. 521,5 millones), de los cuales ya utilizo el 93,26%, según el último reporte del FMI, se estima que su monetización a divisas fue destinada para gasto público. De hecho, el 2005, fue el ultimo año que el FMI nos dio un crédito, por $us. 64,3 millones; de ahí en adelante, solo se observa las asignaciones de DEG a nuestro país.

Analizando el servicio de la deuda externa, a febrero de 2024 las misma ascendió a $us. 290 millones, pagados al BID, Banco Mundial, FONPLATA, otros. Revisando las estadísticas del BCB, desde 1996 al 2023, los años que más se pagaron por servicio de la deuda externa fueron el 2022 y 2023, con $us. 1.810 y $us. 1.491,2 millones respectivamente.

Algo curioso, es que a pesar que China es el principal acreedor bilateral de Bolivia, con un saldo a pagar de $us. 1.330,2 millones, y que su último préstamo fue de $us. 450 millones el año 2018 (aun por desembolsar $us. 185,8 millones), su servicio de deuda no figura en los informes anuales del BCB, salvo que este registrado en OTROS; si hay información que sale en los estados de deuda pública mensual, en febrero de 2024 pagamos $us. 95,6 millones, entre capital e intereses.

Algo contradictorio, es que la asignación de DEG no figuren como pasivos o préstamos externos en estos informes, sin embargo, su servicio de deuda se denota desde el 2010 hasta el 2020, por un monto total de $us. 8,8 millones.

Mas allá de que la información de nuestra deuda publica externa debe ser objetiva, transparente y oportuna no solo porque es una fuente de ingresos de divisas para nuestras reservas internacionales netas, sino, sobre todo, porque ahora las mismas están permitiendo sostener aun nuestro elevado gasto público, como por ejemplo para importar carburantes. Además, la misma es utilizada en parte, para pagar el servicio de la deuda externa, debido a la caída de los ingresos fiscales estatales. Por eso esta información es vital para medir la liquidez y solvencia de nuestra economía para con sus pasivos externos, donde el manejo presupuestario y financiero estatal es clave para evitar un default, crisis de balanza de pagos y consecuentemente un daño colateral a su población.

El “lado B” de la deuda externa boliviana