domingo. 21.04.2024

El costo de vestir caro

Jorge Luis Mejillones López es economista

Aquel día fui a la feria de la 16 de julio en busca de un par de botas. Al cabo de una pequeña búsqueda por los recovecos de la gigantesca feria hallé unas botas a Bs. 180, eran justo las que me gustaban.

Una semana después volví a la feria y, por curiosidad, pregunté el precio del mismo par de botas. Grande fue mi sorpresa porque el precio más bajo que encontré era de Bs. 220, incluso pidiendo rebaja a las caseras. Pero, ¿por qué el diferencial de precios era de 22%?

Como escribe Adam Smith en los mercados los oferentes siempre tratarán de vender su producto al mayor precio posible y los demandantes buscarán comprar el bien al menor precio posible. “Es la mano invisible” que determina el precio en los mercados.

La teoría microeconómica explica que existe un precio de reserva del demandante, es decir, el precio máximo que podría pagar por un bien. Se trata de maximizar el excedente del consumidor. Lógicamente, cada individuo tiene un precio de reserva diferente respecto a un bien en específico, puesto que la valoración que se le da es subjetiva y diferente. Por su parte, los oferentes tratarán de vender su producto al precio máximo que esté dispuesto a pagar el demandante, maximizarán su excedente del productor, pero esta es información que no posee el vendedor.

Ahora bien, el vendedor buscará señales que revelen el precio de reserva más alto del demandante. Una señal es la vestimenta, esto porque normalmente te ofrecen el mismo producto a un mayor precio si estás vestido con ropa de marca, de buena calidad, etc. A esto le podemos llamar una discriminación en el cobro de precios en las ferias, lo que lleva a una discriminación de precios basada en la vestimenta. Esto es precisamente lo que me sucedió, porque cuando fui a la feria de paseo, estaba vestido con una de mis mejores prendas, mientras que cuando fui en busca de la bota estaba vestido modestamente. Razón por la cual me querían cobrar 22% más.

Los economistas llamamos a esto, según Varian (2016), una discriminación de precios de tercer grado; lo que significa que se vende a cada persona el bien a precios distintos, pero se cobra el mismo precio por todas las unidades. Es decir, a Juan se le cobra Bs. 100 por comprar cualquier cantidad de chamarras y a Pedro, que está mejor vestido, se le cobra Bs. 150 por la misma chamarra y por cualquier cantidad que él quiera. En los mercados, la vestimenta es una señal que se puede dar, pero no es la única; por ejemplo, en el mercado informal de alimentos, el simple hecho de ser varón da una señal a las caseras de desinformación respecto al precio de las verduras y frutas, lo que les da paso a que los oferentes puedan vender sus productos a mayores precios.

Por lo pronto, la moraleja económica es que “dime como vistes y te diré cuánto te cobran”. Tu ser y mejor “tu parecer” refleja tu precio de reserva.

El costo de vestir caro