martes. 21.07.2026

Ser buena persona: la lección que la selección española dejó al mundo

Pamela Michel es Directora de Fundación VIVA y miembro de la Sociedad de Evolución Empresarial Responsable (SEER)

“Ser buena persona es el mejor negocio de tu vida”. Esta frase de Alejandra Durán, fundadora de la Sociedad de Evolución Empresarial Responsable (SEER), permanece en la mente de quienes coconstruimos esta comunidad de líderes que creen en el valor de los intangibles.

SEER reúne a personas que buscan conectar desde su calidad humana y profesional; líderes que procuran actuar con valores positivos y aportar a la sociedad tanto desde su trabajo como desde su vida privada. Su premisa nos recuerda que la ética no es un elemento accesorio del liderazgo, sino el punto desde el cual se construyen relaciones de confianza, equipos sólidos y resultados sostenibles.

La selección española de fútbol, dirigida por Luis de la Fuente y consagrada campeona de la Copa Mundial de la FIFA 2026, es una extraordinaria demostración de esta idea.

Más allá del talento individual y de la excelencia deportiva, su conquista refleja hasta dónde puede llegar un grupo humano cuando la perseverancia, la generosidad, la humildad y el trabajo en equipo prevalecen sobre el ego. Es una lección de vida y liderazgo, no solamente de fútbol.

Luis de la Fuente ha destacado en distintas oportunidades que uno de los mayores valores de su selección es la calidad humana de sus integrantes: buenas personas, solidarias y generosas, capaces de anteponer las necesidades del equipo a sus propios deseos o aspiraciones individuales.

Incluso las grandes estrellas, como Lamine Yamal, asumieron las decisiones colectivas y pusieron su talento al servicio del funcionamiento del equipo. Porque una máquina perfecta no depende únicamente de sus piezas más brillantes, sino de que cada una comprenda su función, confíe en las demás y trabaje para alcanzar un propósito compartido.

Ese es uno de los aprendizajes más importantes que deja este equipo: el talento individual alcanza su máximo potencial cuando se pone al servicio del colectivo.

El seleccionador español también ha dejado numerosos mensajes ejemplificadores en sus conferencias de prensa. En sus intervenciones expresa agradecimiento, reconoce el trabajo de los demás y habla con respeto de los rivales, incluso —y especialmente— en los momentos de mayor competencia.

En medio de las preguntas sobre tácticas, resultados y jugadores, comparte reflexiones que trascienden el terreno deportivo. Habla de disfrutar el camino, de estar presente y de valorar la oportunidad de dedicarse a aquello que uno ama. Lo hizo antes del gran logro y continuó haciéndolo después de alcanzarlo.

También ha insistido en que la felicidad no existe únicamente cuando se gana. Hay satisfacción en el trabajo bien hecho, en haber entregado todo y en saber que se actuó con compromiso, aunque el resultado no haya sido el esperado.

Porque no siempre se gana.

No siempre podemos controlar el marcador, el reconocimiento o las circunstancias. Pero sí podemos decidir con qué actitud enfrentamos cada desafío, cuánto esfuerzo entregamos y de qué manera tratamos a las personas que caminan junto a nosotros.

La buena actitud de la que tanto se habla se convirtió, en la selección española, en una forma de actuar. Se reflejó en los jugadores, en el cuerpo técnico y en una cultura compartida que permitió que cada integrante se sintiera parte de algo más grande.

Sobre el campo, España demostró que un equipo cohesionado puede llegar más lejos que un conjunto de individualidades. Sus jugadores compartieron el balón, confiaron en sus compañeros y creyeron en el sistema colectivo.

Los liderazgos también aparecieron de distintas maneras. El capitán Rodrigo Gutiérrez, no siempre fue quien marcó el gol. Fue quien organizó el juego, conectó a sus compañeros y construyó oportunidades para los demás. Su legitimidad no provenía únicamente de una posición formal, sino de la confianza y del respeto del grupo.

De la misma manera, el arquero Unai Simón reconoció que sus resultados no eran solamente propios, sino también consecuencia del trabajo de una defensa sólida. España recibió apenas un gol durante sus ocho partidos del Mundial, una actuación defensiva histórica que demuestra, una vez más, que ningún éxito individual se explica sin el esfuerzo colectivo.

Cada jugador comprendió que su función era importante. Algunos marcaron goles; otros los evitaron. Algunos aparecieron en las portadas; otros realizaron un trabajo menos visible. Pero todos contribuyeron a construir el resultado.

Eso también sucede en las organizaciones.

Los equipos excepcionales no se forman solamente reuniendo a las personas más talentosas. Se construyen cuando existe confianza, cuando cada integrante comprende su propósito, cuando se reconocen las contribuciones de los demás y cuando los objetivos colectivos están por encima de los egos individuales.

Luis de la Fuente demuestra que es posible liderar desde el ejemplo. Su manera de dirigir nos recuerda que la perseverancia permite alcanzar sueños, que la humildad fortalece a los equipos y que la integridad personal genera confianza y deja huella.

El “míster” no solamente lideró a un conjunto de futbolistas campeones del mundo. Lideró a un grupo humano que aprendió a creer en sí mismo, a sostenerse en los momentos difíciles y a celebrar los logros de los demás.

En un mundo que muchas veces premia exclusivamente los resultados, este equipo nos recuerda que la excelencia profesional y la calidad humana no compiten entre sí: se potencian.

Ser buena persona no significa ser ingenua, débil o menos competitiva. Significa actuar con coherencia, reconocer al otro, construir confianza y comprender que los resultados más importantes rara vez se alcanzan en soledad.

La ética también puede ser una ventaja competitiva. Los valores fortalecen las relaciones, generan compromiso y permiten construir equipos capaces de permanecer unidos aun bajo las mayores presiones.

Quizás el mayor legado de Luis de la Fuente no sea solamente haber conducido a España hacia su segundo campeonato mundial, sino haber demostrado que se puede llegar a lo más alto sin renunciar a la humildad, la gratitud y el respeto por los demás.

Su selección nos recuerda que ganar es extraordinario, pero que la verdadera grandeza se encuentra también en la manera en que se recorre el camino.

En el fútbol, en las empresas y en la vida, las victorias más duraderas suelen ser consecuencia de los valores con los que decidimos caminar.

Por eso, la frase de Alejandra Durán que resuena hoy con los campeones del mundo, liderados por Luis de la Fuente, cobra todavía más sentido: ser buena persona no es solamente una decisión ética. Puede ser, verdaderamente, el mejor negocio de tu vida.

Ser buena persona: la lección que la selección española dejó al mundo