La inflación acumulada entre 2020 y 2026 alcanzó el 45%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), una variación que se refleja en la pérdida del poder de compra de los hogares bolivianos. La diferencia puede observarse al comparar una misma canasta de 15 productos básicos: en 2021 adquirirla demandaba aproximadamente Bs 189, mientras que en 2026 el costo asciende a Bs 301. En ese contexto, un presupuesto de Bs 1.000 que hace cinco años alcanzaba para poco más de cinco canastas similares, hoy cubre poco más de tres, lo que evidencia la reducción de su capacidad de compra.
El economista Óscar Mario Tomanovic explicó que el mayor deterioro del poder adquisitivo se concentró en los dos últimos años, tras un periodo en el que Bolivia registró niveles de inflación relativamente bajos.
“Lo que se puede comprar ahora es aproximadamente un 30% o 40% menos que hace cinco años, dependiendo del producto”, afirmó. Añadió que la pérdida del poder de compra no es uniforme, ya que varía según el tipo de bien que consume cada hogar.
De la estabilidad de 2021 al encarecimiento de la canasta básica
La reducción del poder adquisitivo también se observa en la evolución de los precios de productos de consumo cotidiano. En 2021, Bolivia cerró el año con una inflación acumulada de apenas 0,90%, una de las más bajas de Sudamérica, según datos del INE.
Ese año, en mercados populares del país, el pan se comercializaba a Bs 0,50 la unidad; un maple de 30 huevos costaba entre Bs 12 y Bs 15; el litro de aceite oscilaba entre Bs 10 y Bs 12; el kilo de arroz se vendía entre Bs 6 y Bs 7, mientras que el azúcar se mantenía alrededor de Bs 5 por kilogramo.
Se realizó un recorrido por los mercados Mutualista y Abasto, además de dos cadenas de supermercados, donde se verificaron incrementos en varios de estos productos. En los mercados populares, el maple de huevos se comercializa entre Bs 24 y Bs 28; el litro de aceite nacional alcanza entre Bs 17 y Bs 19; el kilo de arroz fluctúa entre Bs 9 y Bs 11; el azúcar se encuentra entre Bs 7 y Bs 8. Otros productos como café, té, fideos, leche y papel higiénico también registran aumentos respecto a los valores observados cinco años atrás. En las cadenas de supermercados consultadas, estos mismos productos presentan precios entre Bs 2 y Bs 8 más altos, según la marca y la presentación.
La comparación de una canasta compuesta por alimentos y artículos básicos muestra la diferencia. En 2021, adquirir diez panes, un maple de huevos, café, té, aceite, arroz, azúcar, pollo, carne de res, papa, tomate, cebolla, leche, fideos y un paquete de papel higiénico representaba un gasto aproximado de Bs 189. En 2026, el mismo conjunto de productos alcanza los Bs 301, lo que implica un desembolso adicional de Bs 112 para adquirir exactamente los mismos artículos.
La inflación se aceleró en los últimos dos años
El economista recordó que durante varios años Bolivia registró tasas de inflación reducidas, situación que generó una percepción de estabilidad en los precios.
“Tuvimos una estabilidad de precios muy marcada y eso nos tuvo muy mal acostumbrados”, sostuvo.
Explicó que, a diferencia de otras economías donde los precios se ajustan gradualmente según los costos de producción, la productividad o las preferencias de consumo, en Bolivia muchos precios permanecieron prácticamente estables durante varios años.
Sin embargo, indicó que esa situación cambió principalmente entre 2024 y 2025.
“La mayor parte del impacto se concentra en 2024 y 2025. En años anteriores las tasas de inflación eran muy bajas, incluso por debajo del 2% y, en algunos casos, inferiores al 1%”, explicó.
El IPC refleja una canasta de más de 400 productos
Tomanovic señaló que la inflación oficial se calcula a partir del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que considera alrededor de 400 bienes y servicios, cada uno con un peso distinto dentro del gasto de los hogares.
Explicó que el incremento de precios de algunos productos tiene un mayor impacto en las familias porque forman parte del consumo cotidiano.
“No tiene el mismo efecto que una heladera o una lavadora dupliquen su precio a que lo hagan el pan o la leche, porque esos artículos se compran con mucha mayor frecuencia”, indicó.
Más allá del dólar: el efecto ya estaba incorporado
Respecto al comportamiento reciente de los precios, el economista sostuvo que gran parte de la economía ya había incorporado el costo del dólar paralelo antes del nuevo esquema cambiario.
“Los precios que utilizamos en el día a día ya incorporaban ese tipo de cambio desde hace por lo menos uno o dos años”, afirmó.
Explicó que, ante las dificultades para acceder a dólares al tipo de cambio oficial, importadores y comerciantes comenzaron a calcular sus costos con base en el mercado paralelo, lo que se reflejó especialmente en productos importados como equipos tecnológicos.
No obstante, aclaró que una depreciación del boliviano no implica que todos los bienes aumenten en la misma proporción.
“Si la devaluación fue del 30% o 40%, eso no quiere decir que todos los productos importados vayan a aumentar en ese mismo porcentaje”, precisó.
Déficit, emisión y pérdida de valor del boliviano
Durante la entrevista, Tomanovic también comparó el contexto económico actual con episodios de desequilibrios fiscales registrados décadas atrás, aunque aclaró que la situación no alcanza las dimensiones de la hiperinflación de los años ochenta.
“Lo que estamos viviendo actualmente no es tan dramático ni comparable en las proporciones, pero sí en las causas”, manifestó.
Según explicó, el déficit fiscal sostenido durante varios años y su financiamiento a través del sistema financiero han incrementado la cantidad de bolivianos en circulación, reduciendo su capacidad de compra.
“Los bolivianos han perdido valor. La gente intenta deshacerse lo más rápido que puede de ellos o migrar hacia otros activos más estables, como el dólar o los terrenos”, afirmó.
Alimentos, transporte y vivienda concentran el gasto familiar
Sobre el comportamiento del consumo, el economista explicó que la mayor parte del presupuesto de los hogares bolivianos se destina a alimentos, alquileres, transporte y comidas fuera del hogar.
Asimismo, señaló que Bolivia mantiene una importante dependencia de bienes importados, principalmente combustibles, maquinaria y bienes de capital, mientras que el comercio entre regiones también influye en la formación de precios.
Como ejemplo, indicó que durante los bloqueos quedó en evidencia la interdependencia entre regiones productoras y consumidoras del país, situación que incidió en el abastecimiento de productos como carne y pollo.
La pérdida del poder adquisitivo, añadió, responde al comportamiento conjunto de estos factores y se refleja en el incremento del costo de la canasta de consumo de los hogares, que hoy requiere una mayor cantidad de recursos para adquirir los mismos productos que hace cinco años.
