lunes. 15.06.2026
ENERGÍA MUNDIAL

Tras el acuerdo entre EEUU e Irán, Bolivia enfrenta un reto mayor: la transición energética

La reapertura del estrecho de Ormuz reduce las tensiones sobre el mercado petrolero mundial. Sin embargo, un especialista energético advierte que Bolivia deberá acelerar inversiones en energías renovables ante la caída de sus ingresos gasíferos.

ORMUZ
El barril de petróleo descendió desde niveles cercanos a los $us 100 hasta poco más de $us 80 tras conocerse el entendimiento entre ambos países. (Foto: Forbes México)

El anuncio del acuerdo entre Estados Unidos (EEUU) e Irán parece poner fin al conflicto que durante meses tensionó los mercados energéticos internacionales, generando una reacción inmediata: optimismo en las bolsas y una caída significativa del precio del petróleo.

El presidente estadounidense, Donald Trump, mediante Truth Social, indicó que “el acuerdo con la República Islámica de Irán ya está completo” y agregó “Por la presente autorizo plenamente la apertura sin peajes del estrecho de Ormuz y, simultáneamente, autorizo el retiro inmediato del bloqueo naval de Estados Unidos”. Además, expresó: “Barcos del mundo, enciendan sus motores. Que fluya el petróleo”.

Por su parte, el viceministro de Relaciones Exteriores de Irán, Kazem Gharibabadi, sostuvo en una entrevista televisiva que el acuerdo supone un “fin inmediato” de los conflictos y que ambas partes  mantendrán conversaciones durante los próximos meses para alcanzar un “acuerdo final”, según publicó el portal Infobae.

Para el físico y analista en energías, Francesco Zaratti, este escenario representa un alivio para la economía mundial, aunque advierte que Bolivia deberá aprovechar la coyuntura para acelerar una transformación estructural de su matriz energética.

Según explicó, el barril de petróleo descendió desde niveles cercanos a los $us 100 hasta poco más de $us 80 tras conocerse el entendimiento entre ambos países. A su juicio, la tendencia podría profundizarse cuando se oficialicen los detalles del acuerdo, especialmente aquellos relacionados con la reapertura del estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.

"Hay decenas de barcos cargados de petróleo y gas natural licuado esperando atravesar el estrecho. Cuando el tránsito se normalice, aumentará considerablemente la oferta mundial de hidrocarburos", señaló.

No obstante, considera poco probable que el petróleo retorne a los valores previos al conflicto, cuando cotizaba entre $us 60 y $us 70 por barril. Explicó que la demanda internacional seguirá siendo elevada debido a que numerosos países consumieron parte de sus reservas estratégicas durante la crisis y ahora deberán reponer esos inventarios, sosteniendo así los precios en niveles superiores.

Bolivia: menor presión, pero también menos ingresos

En el caso boliviano, el especialista identifica un doble efecto.

Por un lado, la reducción del precio internacional del petróleo disminuirá la presión sobre el costo de las importaciones de combustibles y reducirá parcialmente el impacto económico asociado al abastecimiento interno.

Sin embargo, advierte que el país enfrenta un problema más profundo: la disminución sostenida de sus reservas de gas natural y la reducción de los volúmenes exportados.

"Vamos a tener menores ingresos, tanto por el precio como por los menores volúmenes de exportación hacia Brasil", afirmó.

La oportunidad está en acelerar la transición energética

Para Zaratti, la principal enseñanza que deja esta coyuntura internacional es que Bolivia no puede continuar dependiendo de factores geopolíticos externos para definir el costo de su energía.

Considera que el país debe acelerar su transición hacia fuentes renovables, reduciendo progresivamente el consumo de gas en la generación eléctrica e impulsando inversiones en energía hidroeléctrica, solar, eólica, biomasa y geotermia.

También plantea transparentar el costo real de la generación termoeléctrica para incentivar tecnologías más competitivas y sostenibles.

Asimismo, destaca que el crecimiento de la electromovilidad debe ir acompañado por una mayor generación de electricidad proveniente de fuentes limpias.

"No tiene sentido reemplazar la gasolina por vehículos eléctricos si la electricidad continúa produciéndose principalmente con termoeléctricas subvencionadas", sostuvo.

En criterio del especialista, Bolivia aún dispone de recursos gasíferos que pueden acompañar la transición, pero insiste en que el país debe generar condiciones que incentiven nuevas inversiones tanto en exploración como, especialmente, en energías renovables.

"La dirección es clara: una transición energética gradual, con reglas que incentiven la inversión, fortalezcan la generación renovable y aprovechen de manera más eficiente los recursos energéticos que todavía posee Bolivia", concluyó.

Ganadores y perdedores

En el ámbito global, el nuevo escenario tendrá efectos diferenciados entre las economías del mundo. Los principales países exportadores de petróleo, como Estados Unidos, Canadá, Noruega y Australia, dejarán de beneficiarse de los elevados precios registrados durante la guerra, mientras que grandes consumidores como China, India y Japón reducirán el costo de sus importaciones energéticas.

Además, el levantamiento de restricciones permitirá que Irán incremente nuevamente su producción y exportación de petróleo, ampliando la oferta internacional y reforzando la presión bajista sobre las cotizaciones.

El impacto para América Latina

Aunque América Latina no depende directamente del petróleo que transita por el estrecho de Ormuz, Zaratti explica que la región sí experimentará los efectos derivados de la variación en los precios internacionales.

Los países importadores de combustibles verán reducida su factura energética, mientras que las economías exportadoras —como Brasil, Argentina, Venezuela y Guyana— podrían registrar menores ingresos por la venta de hidrocarburos.

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