“El país atraviesa una de las crisis más delicadas del último tiempo en términos logísticos y productivos”. Así lo denunciaron el presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Klaus Frerking, y el presidente de la Cámara Nacional de Exportadores de Bolivia (Caneb), Oswaldo Barriga, quienes señalaron que la escasez persistente de diésel afecta gravemente al aparato productivo y comercial de Bolivia.
Frerking señaló que “sin diésel, el agro no vive”. Según explicó, el se requieren anualmente cerca de 360 millones de litros de diésel, pero la entrega no puede ser regular, sino estratégica. “Los ciclos agrícolas no son negociables. El diésel tiene que estar cuando realmente lo necesitamos. No podemos esperar”, sostuvo.
Explicó que, por ejemplo, en Santa Cruz actualmente se está sembrando soya en más de 400.000 hectáreas, y aún resta sembrar otras 300.000 hectáreas más. “Esas 300.000 hectáreas son semilla para la próxima campaña. Si no la sembramos ahora, no vamos a tener semilla para la siguiente”, advirtió.
La situación también compromete la zafra azucarera y la producción de etanol. “Este año, el sector azucarero tiene que producir 250 millones de litros de etanol. Si no tenemos diésel, no podemos producir ni transportar. Y si no cumplimos, se caen los compromisos”, apuntó.
La CAO también denunció la proliferación de un mercado negro de diésel en las provincias, donde el precio del litro se ha disparado hasta Bs 15 bolivianos. “La corrupción está copando la distribución de diésel. Esto no puede seguir así. Es insostenible”, expresó Frerking.
La situación actual ha obligado a muchos productores a paralizar labores y replantear ciclos de siembra. “Hay cultivos que pueden perderse si no se accede a combustible a tiempo. No solo se pierden productos, también se pierden empleos, inversiones, semillas y alimentos”, lamentó el titular de la CAO.
Para Barriga, la situación es crítica: “En este momento, un camión hace cola aproximadamente cinco días para cargar combustible. Esto implica una pérdida absoluta en lo que significa el transporte de carga”, afirmó. Actualmente, el sector estaría operando apenas entre el 20 % y 25 % de su capacidad normal, lo cual representa un golpe directo a las exportaciones bolivianas.
“Se ha hablado mucho de que este tema del combustible es por falta de créditos. El combustible no se compra con crédito, se compra con gestión interna de administración”, enfatizó, señalando que el verdadero problema es de capacidad operativa del Estado para importar y distribuir el combustible con eficiencia.
Barriga planteó una solución de corto plazo: permitir la importación privada. “El planteamiento no es de una solución temporal o parche. Tiene que liberarse la importación, que se puedan traer combustibles sin restricciones de cantidad o de destinatario final. Hoy una empresa puede importar combustible, pero solo para consumo propio, no para vender. Esa norma no sirve”, explicó.
Barriga remarcó que la reducción en el transporte también impide que ingresen insumos necesarios para la producción. “No solo no estamos exportando, tampoco estamos importando fertilizantes, maquinaria o insumos esenciales. Esto genera un efecto dominó que compromete todo el sistema productivo”, indicó.
Frente a esta situación, ambos instaron al Gobierno a dejar de culpar a factores externos y asumir la responsabilidad de lo que consideran un “colapso del modelo estatal de abastecimiento”. “Hay contratos de exportación que se están incumpliendo. Esto conlleva multas. Solo un buque parado en puerto genera una multa de hasta $us 150.000 dólares”, añadió Barriga.

