sábado. 18.07.2026

El presidente Rodrigo Paz presentó en Santa Cruz una estrategia de doble carril: una ofensiva internacional para ampliar mercados y atraer inversión, y el inicio formal del proceso del denominado “50-50”, una reforma estructural orientada a redistribuir atribuciones y responsabilidades fiscales entre el nivel central y las regiones.

En el frente externo, el mandatario confirmó una agenda diplomática de alto nivel bajo el concepto “Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia”. Este fin de semana sostendrá un encuentro con el presidente Donald Trump, donde —según anticipó— el eje será “apertura, apertura y apertura” para el comercio y la economía boliviana. Posteriormente participará en la posesión del presidente chileno José Antonio Kast, instancia que aprovechará para concretar reuniones bilaterales orientadas a fortalecer la relación comercial con Chile y, estratégicamente, con el Pacífico.

La agenda incluye además un encuentro con el rey Felipe VI de España, con miras a estructurar una relación Estado–Estado que derive en oportunidades para el sector productivo boliviano. El ciclo internacional se cerrará en marzo con una reunión con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, considerada clave para la articulación logística y empresarial con Brasil.

En este último punto, Paz anunció que se facilitará el traslado de representantes empresariales bolivianos —con énfasis en regiones con vínculo directo con Brasil— para estructurar propuestas en infraestructura, hidrovías y desarrollo de plataformas logísticas. La visión presidencial apunta a consolidar un eje de integración que permita a Bolivia fortalecer su conexión tanto con el Atlántico como con el Pacífico, diversificando rutas comerciales y reduciendo costos estructurales.

No obstante, el componente más profundo del anuncio fue el inicio del proceso del “50-50”. El presidente definió la medida como una reforma estructural destinada a acercar la gestión y el gasto público al ciudadano, bajo criterios de responsabilidad fiscal. “No es dividir recursos, es distribuir responsabilidades con reglas claras”, sostuvo.

La primera fase técnica se activará mediante mesas sectoriales ministeriales y lineamientos específicos desde gabinete, con el objetivo de revisar competencias, eliminar normativas consideradas innecesarias y desmontar mecanismos que, según el mandatario, concentraron poder en el nivel central durante los últimos 20 años. El enfoque incluye la identificación y eventual derogación de decretos supremos que hayan limitado el desarrollo autonómico.

Paz insistió en que el 50-50 no responde a una lógica electoral ni coyuntural, sino a una reingeniería institucional de largo plazo. Planteó que el desarrollo debe construirse desde las regiones, pero con disciplina fiscal en todos los niveles de gobierno. “No es transferir desorden; es ordenar al Estado para que funcione mejor”, enfatizó.

El presidente vinculó esta reforma con un diagnóstico más amplio sobre la economía nacional, marcada —según su evaluación— por la pérdida de más de 60.000 millones de dólares asociados al declive del gas en las últimas décadas y por distorsiones generadas por esquemas de subvención que, afirmó, representaron alrededor de 1.500 millones de dólares anuales. En ese marco, defendió la necesidad de transformar la estructura estatal para evitar que los recursos públicos vuelvan a concentrarse en circuitos cerrados de poder.

La narrativa presidencial combina, así, integración internacional y descentralización interna como pilares de una nueva etapa económica. El objetivo declarado es abrir mercados, atraer inversión y, simultáneamente, redefinir el funcionamiento del Estado para hacerlo más eficiente y menos burocrático.

La viabilidad de esta hoja de ruta dependerá ahora de su implementación técnica y de su capacidad para traducir la agenda diplomática en acuerdos comerciales concretos, así como el 50-50 en cambios normativos medibles. En un escenario de restricción fiscal y necesidad de crecimiento, el desafío no será conceptual, sino operativo: convertir apertura y reforma en cifras reales de inversión, empleo y dinamismo productivo.

Apertura externa y 50-50: la hoja de ruta para reordenar el Estado y abrir mercados