Convertir el techo de una casa en una pequeña planta de energía ya no es una idea futurista, sino una opción real y cada vez más atractiva para los hogares en Santa Cruz. La combinación de costos de instalación más accesibles, una normativa favorable y el incentivo de reducir, o lograr costo cero, en la factura eléctrica, está impulsando la adopción de sistemas solares de generación distribuida (GD) en la ciudad.
El concepto es sencillo: los paneles solares instalados en el techo generan electricidad que el hogar consume directamente. Cuando la producción supera la demanda, el excedente se inyecta a la red eléctrica pública administrada por la Cooperativa Rural de Electrificación (CRE). A cambio, el usuario recibe créditos de energía que se descuentan de futuras facturas, con una vigencia de hasta 24 meses.
“No se entrega dinero en efectivo, pero sí se puede reducir e incluso eliminar la factura eléctrica”, explicó Jorge Choque, asesor de Gerencia General de CRE. El mecanismo, conocido como medición neta, utiliza un medidor bidireccional para contabilizar la energía que el usuario consume y la que entrega, haciendo un balance que determina el saldo a favor o en contra.
La Generación Distribuida (GD) es una actividad regulada por la Autoridad de Fiscalización de Electricidad y Tecnología Nuclear (AETN) y para este efecto, en cumplimiento de los Decretos Supremos N° 4477 y N° 5167, emitió resoluciones que reglamentan, entre otros, la retribución por la energía inyectada a la red de distribución por un consumidor que tenga este sistema en su hogar.
Choque explicó que la GD no solo está destinada para los hogares, sino es más amplia y las capacidades que establece la normativa son:
- Nanogeneración Distribuida. Potencia instalada menor o igual a 10 kW;
- Microgeneración Distribuida. Potencia instalada mayor a 10 kW y menor o igual a 50 kW;
- Minigeneración Distribuida. Potencia instalada mayor a 50 kW y menor o igual a 500 kW;
- Macrogeneración Distribuida. Potencia instalada mayor a 500 kW, aplicable solo a la autoproducción con GD."
Una inversión con retorno asegurado
En términos económicos, el atractivo radica en que el desembolso inicial se recupera con el ahorro en la factura y la compensación por excedentes. Luis Ovando, gerente general de Solaria, detalló que para un cliente residencial el costo promedio oscila entre Bs 9.000 y Bs 11.000 por kWp instalado. Esto significa que una familia que desee cubrir entre el 70% y el 100% de su consumo debe invertir entre Bs 40.000 y Bs 80.000.
Aunque el retorno de inversión en hogares con tarifa domiciliaria es de entre 5 a 7 años, comercial de 4 a 5 años, la vida útil de los equipos supera los 25 años, lo que garantiza más de una década de electricidad prácticamente gratuita una vez recuperado el capital.
Ovando explicó que en el caso de las tarifas del sector industrial en Santa Cruz, si bien el retorno es un poco mas lento, de 8 y 10 años, por contar con una subvención específica, las empresas eligen los sistemas solares por sostenibilidad.
La modificación del Decreto Supremo 4477 en julio de 2024 mejoró aún más el panorama: ahora la energía inyectada se compensa uno a uno con el mismo precio que el usuario paga por consumir electricidad, lo que agiliza el retorno. “Este cambio ha hecho que 2025 sea un año de fuerte crecimiento para los sistemas solares en Santa Cruz”, afirmó Fernando Antequera, gerente general de Amesol.
Costo - beneficio
Si bien el costo por kWp instalado en un hogar está en el rango de Bs 9.000 a Bs 11.000, este precio es menor para proyectos más grandes, como comercios o industrias, que además disfrutan de retornos más rápidos debido a sus tarifas eléctricas más altas.
Franz Zuna, director de la Sociedad de Ingenieros de Bolivia – Santa Cruz, explicó que el beneficio para el usuario no es solo económico. La generación distribuida también es una forma directa de participar en la transición energética, reduciendo la dependencia de fuentes fósiles y contribuyendo a un sistema eléctrico más sostenible.
En el plano financiero, los créditos acumulados por excedentes permiten suavizar los meses de mayor consumo. Por ejemplo, un hogar que genere más electricidad en invierno o en días soleados puede acumular saldo para cubrir su gasto en verano, cuando el uso de aire acondicionado dispara la demanda.
Cómo conectarse a la red y comenzar a ahorrar
Para un hogar que quiera dar el paso, el proceso implica:
- Contratar una empresa instaladora autorizada por la AETN y registrada en CRE.
- Elaborar un proyecto eléctrico de generación distribuida que cumpla con las especificaciones técnicas.
- Cubrir el costo de equipos e instalación (paneles, inversor, cableado, protecciones y medidor bidireccional).
- Obtener la aprobación de CRE y firmar el contrato que establece derechos, obligaciones y el esquema de compensación.
Una vez en operación, el medidor bidireccional registra la energía inyectada y consumida, y CRE aplica automáticamente los créditos de energía correspondientes.
Retos y oportunidades
Aunque la tendencia es positiva, aún hay desafíos para una adopción masiva: la disponibilidad de medidores bidireccionales, la necesidad de reforzar ciertas redes eléctricas para recibir energía desde los hogares y la capacitación constante de instaladores certificados. Sin embargo, la combinación de ahorro, estabilidad tarifaria y sostenibilidad ambiental mantiene un fuerte atractivo para las familias interesadas.
“El retorno de inversión depende de la tarifa del usuario: cuanto más alta, más rápido se recupera. En sistemas sin batería, hoy es posible que el periodo de retorno sea de apenas 8 años, lo que los hace muy competitivos”, enfatizó el Gerente General de Amesol.

