La industria boliviana dio un paso relevante hacia la sostenibilidad productiva. La empresa Industrias Duralit S.A. se convirtió en la primera compañía del país en obtener la certificación internacional en Buenas Prácticas de Economía Circular bajo la norma BS 8001, otorgada por la certificadora internacional ICONTEC. El reconocimiento se dio en el marco de un acto institucional organizado por la Federación de Entidades Empresariales Privadas de Cochabamba, donde se destacó el avance de la industria local hacia modelos productivos sostenibles y competitivos.
El gerente general de Duralit, Tito Orellana, explicó que la adopción del modelo de economía circular responde a una decisión estratégica basada en responsabilidad ambiental y eficiencia productiva. “Nuestra industria nos demanda ser responsables, porque para mañana será tarde. Tal vez no es para nosotros, pero sí para nuestros descendientes”, afirmó al señalar que la actividad industrial debe asumir su impacto en el medio ambiente.
Orellana recordó que Bolivia genera cerca de 22 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año y que el sector de la construcción representa aproximadamente el 37% de esas emisiones, considerando la provisión de materias primas, la transformación industrial y los materiales utilizados en obras. “Es inevitable que pensemos en sostenibilidad”, sostuvo.
Como parte de ese enfoque, la empresa implementó una serie de cambios en su proceso productivo. En los últimos tres años, Duralit ha logrado recircular más de 20 millones de litros de agua dentro de su planta industrial, evitando descargas al sistema de alcantarillado y reduciendo el desperdicio hídrico. “Partimos de un principio simple: el mejor residuo es el que no se genera”, explicó.
La compañía también incorporó residuos industriales externos en su cadena productiva. Mediante la recolección de bolsas de cemento postconsumo, que habitualmente terminan en la basura o en espacios públicos, la empresa logró sustituir cerca del 60% de sus requerimientos de celulosa virgen. Según Orellana, esta práctica permite evitar la tala anual de aproximadamente 6.500 árboles de pino radiata utilizados en la producción de fibras industriales.
Otro elemento clave del modelo productivo está vinculado a la reducción de emisiones. Estudios técnicos realizados sobre el comportamiento del fibrocemento indican que este material inicia un proceso de carbonatación una vez instalado, lo que permite encapsular anualmente más de 3.500 toneladas de gases de efecto invernadero. Esa cifra equivale, según la empresa, a la capacidad de absorción de un bosque de aproximadamente 435 hectáreas.
“Si lo vemos de manera frontal, Duralit emite alrededor de 2.200 toneladas al año, pero con este proceso logramos un saldo ambiental positivo”, explicó el ejecutivo, quien además adelantó que el próximo objetivo será avanzar hacia la certificación de huella de carbono neutra.
La certificación internacional fue otorgada por ICONTEC tras un proceso de auditoría que evaluó la implementación de un modelo de gestión basado en principios de circularidad. El gerente general de la entidad certificadora, Manuel Zapata, explicó que el protocolo de economía circular valida estructuras empresariales diseñadas para mantener el valor de productos y materiales durante todo su ciclo de vida.
“Este estándar verifica que los materiales mantengan su máxima utilidad y valor en todo momento, diferenciando con precisión los ciclos técnicos dentro de la cadena productiva”, señaló Zapata. El ejecutivo añadió que el proceso de auditoría permitió identificar una estructura de gobernanza empresarial orientada a la circularidad, una planificación operativa rigurosa y un sistema de gestión de información que asegura la trazabilidad de los materiales y sus declaraciones ambientales.
ICONTEC cuenta con más de seis décadas de experiencia en certificación de estándares internacionales, con más de 8.000 empresas certificadas y más de 16.000 certificados vigentes a nivel mundial. De acuerdo con Zapata, el caso de Duralit marca un precedente relevante en Bolivia al tratarse de la primera empresa certificada en el país bajo este estándar por un organismo internacional legalmente establecido.
Para Orellana, el valor de este proceso no radica únicamente en el reconocimiento obtenido, sino en su potencial de replicarse dentro del sector productivo nacional. “Nuestro propósito no es ser la única empresa con economía circular en Bolivia. Queremos ser la primera de muchas”, afirmó.
Fundada en Cochabamba en 1977, Duralit se ha consolidado como una de las empresas más relevantes de la industria de materiales de construcción en Bolivia, especializada en soluciones de fibrocemento y sistemas constructivos. Desde 2006 forma parte del grupo internacional Elementia, lo que le ha permitido incorporar estándares tecnológicos y de gestión alineados con las dinámicas globales del sector. En ese contexto, la certificación en economía circular marca un nuevo hito dentro de una trayectoria empresarial que se acerca al medio siglo de operaciones, posicionando a la compañía como un referente en la transición hacia modelos industriales sostenibles en el país.
