El mayor grado de endeudamiento externo de la economía boliviana, empieza a gestarse a comienzo de la década de los años setenta del siglo pasado, veamos el origen de la misma. La Organización de Países Exportadores de Petróleo se funda en septiembre de 1960, en sus inicios los firmantes fueron cinco países: Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudí y Venezuela. El objetivo central estaba definido, establecer precios uniformes para el barril de petróleo y regular los volúmenes producción y exportación.
La conformación de este oligopolio, provoca que paulatinamente el precio del crudo empiece a elevarse, pues la OPEP regulaba el suministro de petróleo, de esta manera el precio del barril que en sus inicios costaba alrededor de tres dólares, llegase a cotizarse a medidos de los años setenta en cifras cercanas a los treinta dólares americanos.
Los países árabes se constituyen en los mayores productores y exportadores del denominado “oro negro”, éstos al verse inundados de dólares provenientes del petróleo, depositan dichos recursos en cuentas de bancos norteamericanos, a su vez los banqueros ofertaban los capitales a organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, y otras instituciones financieras.
De esta manera los “petrodólares” aterrizan en países en vías de desarrollo (antes se denominaban países subdesarrollados), mediante deuda externa, por aquellos años la mayoría de los países latinoamericanos se encontraban administrados por regímenes militares (gobiernos de facto), los requisitos para acceder a préstamos eran mínimos, de esta manera no solo Bolivia se endeudó demasiado, sino también el resto de las naciones sudamericanas.
El 20 de marzo de 1985 Fidel Castro aparece en escena, argumentando que la deuda externa no debe ser pagada, pues atenta contra el desarrollo de los países latinoamericanos. A finales de 1989 Nicholas Brady, secretario del tesoro de Estados Unidos propone y realiza el siguiente planteamiento: los montos de los créditos deben ser absorbidos a través de la emisión de bonos; de esta manera se emitieron títulos valores con vencimiento a largo plazo y bajas tasas de interés, a dichos valores se les denominó “Bonos Brandy”, posteriormente fueron negociados en diversas mercados bursátiles, de esta manera la concentración de deuda no está en manos de unos cuantos organismos internacionales, sino atomizados en una gran cantidad de inversiones en bolsa de valores.
En la década de los años noventa del siglo pasado, se expande la ola democrática, gran parte de los gobernantes de las naciones sudamericanas se erigen mediante el voto de la población, los organismos internacionales también modifican sus requisitos para los países solicitantes, ahora deben contar con la aprobación de la mayoría del Congreso, además de someterse a ciertas restricciones o recetas como reducir los déficits fiscales y de balanza de pagos.
Bolivia actualmente genera un P.I.B. aproximadamente de 47.000 millones de dólares, la deuda externa bordea los 13.500 millones de verdes, mientras que la deuda interna se aproxima a los 16.000 millones de dólares, el servicio de la deuda externa según datos del Banco Central de Bolivia para el 2024 fue de 1.526 M.M. de dólares; representa el 15% del total de exportaciones, no es una cifra elevada que no pueda ser cubierta. Sin embargo, dados los reducidos montos de las reservas internacionales, resulta insostenible para el mediano y largo plazo.
Es de vital importancia reprogramar la deuda externa especialmente la multilateral, cuyos mayores acreedores son: CAF, BID y Banco Mundial. De igual manera es necesario ampliar los plazos ingresar a negociaciones, para reducir las tasas de interés y aplicar ciertas condonaciones. De esta manera las amortizaciones tanto de capital como de interés, se tienen que reducir para que Bolivia vuelva a tener mayor holgura financiera, es decir mayor liquidez que se traduzca en incrementar en sus reservas internacionales que tanto se requiere.
