lunes. 29.06.2026

El dólar cambió… ¿y ahora qué?

Orlando Saucedo Vaca, es Máster en Economía & Finanzas, UCB/UNIR

Durante años nos acostumbramos a escuchar una cifra casi inmutable: el dólar oficial en Bolivia valía prácticamente lo mismo. Era un dato tan estable que dejó de ser noticia. Estaba ahí, como si fuera una ley de la naturaleza.

Pero la economía rara vez funciona así.

El viernes pasado Bolivia dio un paso que, para muchos, parece abrupto: abandonó el régimen de tipo de cambio fijo y adoptó un sistema de flexibilidad cambiaria. Desde entonces abundan las preguntas. ¿Nos devaluaron? ¿Se dispararán los precios? ¿Es el comienzo de una crisis?

La respuesta, como casi siempre en economía, no cabe en un sí o un no.

Sí, hubo una devaluación del tipo de cambio oficial. Eso es innegable. Lo interesante es que buena parte de la economía ya venía funcionando con otro dólar. Quien necesitaba importar maquinaria, comprar repuestos, adquirir equipos médicos o simplemente conseguir divisas para una operación comercial, hacía tiempo que sabía que el dólar de Bs 6,96 existía más en los papeles que en la realidad.

Las empresas ya ajustaban sus costos utilizando referencias cercanas al mercado paralelo. Muchos proveedores entregaban cotizaciones calculadas con un dólar superior a los nueve bolivianos. Incluso varias alcaldías, gobernaciones y universidades públicas se encontraban con licitaciones desiertas porque los precios referenciales elaborados con el antiguo tipo de cambio ya no coincidían con los costos reales de los contratistas.

En otras palabras, el mercado se había adelantado a la decisión del Gobierno.

Eso ayuda a explicar por qué el impacto inmediato podría ser menor al que normalmente provoca una devaluación de casi 40%. Muchos precios ya habían absorbido parte de ese ajuste. No significa que no habrá inflación o que todo seguirá igual. Significa, simplemente, que la economía llevaba meses adaptándose silenciosamente a una realidad distinta de la que reflejaban las normas.

Y aquí aparece una idea importante.

El verdadero cambio no está en el número que publica el Banco Central. Está en la forma de construir ese número.

Antes, el tipo de cambio oficial era una decisión administrativa. Ahora será el resultado de operaciones reales del sistema financiero. Es un cambio profundo porque acerca el precio oficial a lo que realmente ocurre en el mercado. Reduce una distorsión que, con el paso del tiempo, se había vuelto cada vez más difícil de sostener.

Sin embargo, sería un error pensar que la flexibilización cambiaria, por sí sola, resolverá los problemas de la economía boliviana.

El tipo de cambio era apenas una manifestación del problema, no su origen.

La verdadera pregunta sigue siendo la misma: ¿de dónde vendrán los dólares?

Mientras el país no recupere su capacidad de generar divisas mediante exportaciones, inversión y mayor producción, la presión cambiaria seguirá presente. Cambiar la forma de calcular el precio del dólar no crea nuevos dólares. Solo permite que su valor refleje mejor la realidad.

Tampoco debemos perder de vista el efecto sobre los distintos sectores.

Los bancos tendrán que administrar con mayor cuidado su liquidez y el riesgo crediticio. Las empresas deberán fortalecer su planificación financiera y reducir su exposición cambiaria. Las entidades públicas necesitarán revisar presupuestos y proyectos de inversión para ajustarlos a un entorno donde los costos ya no pueden calcularse con una referencia que dejó de existir. Y las familias seguirán enfrentando el desafío más complejo: proteger su poder adquisitivo en un contexto donde algunos bienes importados continuarán presionando los precios.

Hay, además, un aspecto positivo que merece destacarse.

Durante mucho tiempo convivimos con dos tipos de cambio: uno oficial y otro que utilizaba buena parte de la economía. Esa dualidad generaba incertidumbre, distorsiones y decisiones poco eficientes. Reducir esa brecha aporta mayor transparencia y permite que hogares, empresas y entidades públicas planifiquen sobre una referencia mucho más cercana a la realidad.

Pero la transparencia no sustituye a la estabilidad.

La estabilidad se construye con disciplina fiscal, reservas internacionales sólidas, confianza, inversión y una economía capaz de generar más dólares de los que demanda.

La flexibilización cambiaria puede convertirse en el punto de partida de una etapa de mayor equilibrio macroeconómico. También puede quedarse como un ajuste incompleto si no viene acompañada de reformas que fortalezcan los fundamentos de la economía.

Por eso, quizás la pregunta ya no sea cuánto vale el dólar.

La pregunta realmente importante es si Bolivia aprovechará esta oportunidad para corregir los desequilibrios que hicieron inevitable este cambio. Porque el precio del dólar cambió en un día. Reconstruir la confianza tomará bastante más tiempo.

El dólar cambió… ¿y ahora qué?