sábado. 18.07.2026

Bolivia llegó a ser, en algún momento, el líder mundial en bosque tropical certificado. Más de dos millones y medio de hectáreas contaban con el sello del Forest Stewardship Council (FSC), la  certificación internacional más exigente del sector. El 90% de sus exportaciones eran productos con valor agregado: pisos, puertas, molduras, muebles. No troncos, no tablas en bruto. Era un sector que había apostado por la industria, la inversión y la reconversión tecnológica.

Hoy ese panorama luce muy distinto.

«En la década de 1990 llegamos a exportar más de $us 120 millones», señala Gary Rodríguez, gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE). «El año pasado llegamos a $u 80 millones. Y hay que considerar que son dólares de épocas distintas: esos $us 120 millones de los 90 probablemente equivalen hoy a $us 150 o $us 160 millones». En términos reales, las exportaciones madereras bolivianas se han reducido casi a la mitad respecto a su mejor momento.

Baja de las exportaciones

Los datos del INE confirman la tendencia. Las exportaciones del sector tocaron un pico de casi $us 100 millones en 2007 y 2008, para luego iniciar una caída sostenida que llegó a un mínimo de $us 43 millones en 2016. La leve recuperación posterior no alcanzó para revertir el retroceso estructural. En 2025 el sector cerró en torno a los $us 65 millones, con una caída adicional respecto al año anterior.

Rodríguez apunta a una causa central: la sobreregulación. «El famoso Estado tranca», dice. La Ley Forestal 1700, vigente desde 1996, estableció un régimen exigente que, sin embargo, el sector privado logró absorber. Las empresas invirtieron, se adaptaron y crecieron. El problema vino después, con una capa adicional de controles, auditorías y responsabilidades que recayeron casi exclusivamente sobre los operadores privados. El resultado fue la desinversión progresiva: de más de 2,5 millones de hectáreas bajo custodia privada se pasó a menos de 300.000.

La Cámara Forestal de Bolivia, que agrupa a los principales actores del sector, ha propuesto un plan de reactivación que contempla financiamiento, simplificación tributaria y seguridad jurídica como ejes principales. La discusión sobre si Bolivia puede recuperar lo perdido —y en qué condiciones— está lejos de cerrarse.

El sector maderero se encuentra estancado en medio de sobreregulación