En el marco del XVII Congreso Internacional de Gestión Humana, XVII Congreso Internacional de Gestión Humana, organizado por la Asociación Boliviana de Gestión Humana (Asobogh), Human Value y BPO Center en Santa Cruz, el economista Pablo Mendieta, director del Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec) de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco), ofreció una explicación estructural de la economía boliviana.
Sostuvo que el país ya se encuentra en un ajuste económico que no ha sido planificado desde el gobierno, sino empujado por el propio mercado. “Este es un ajuste incompleto, silencioso y desordenado. Hay inflación acumulada, caída del consumo, presión sobre el tipo de cambio y deterioro de las reservas. Todo esto configura un escenario de ajuste económico, aunque las autoridades no lo reconozcan”, advirtió.
Mendieta explicó que el modelo de subsidios y gasto elevado ha llegado a su límite. Señaló que el déficit fiscal se sitúa en torno al 10% del PIB, y que el Estado gasta alrededor de Bs 37.000 millones más de lo que recauda, una situación que denominó como “un Leviatán que se sostiene en deuda, subsidios e informalidad creciente”, haciendo referencia a un ser mitológico de proporciones colosales que habita en las profundidades del océano.
Agregó que desde 2022 se registra una caída sostenida en el aparato productivo formal, equivalente al 2,1% anual, en contraste con un aumento del 2,2% en el sector informal, lo cual debilita aún más la base tributaria y limita el crecimiento sostenible.
A través de una serie de metáforas visuales, el economista ilustró el actual panorama: una “olla de presión” para el tipo de cambio, una “bola de nieve” para la inflación (acumulada en casi 10% solo en 2024), y un “cangrejo” para mostrar que la economía formal camina hacia atrás. “Estamos perdiendo la estabilidad conquistada hace más de una década. Actualmente tenemos tres economías superpuestas: la estatal con subsidios y control; la informal, que evade y sobrevive; y una productiva que se encoge por falta de incentivos y reglas claras”, afirmó.
La realidad del tipo de cambio
Uno de los puntos más relevantes de su análisis fue el tipo de cambio. Mendieta proyectó que, si el país busca una verdadera corrección, el dólar debería ubicarse entre Bs 30 y Bs 40 en los próximos dos años. Esta devaluación vendría acompañada de una inflación entre el 25% y el 35% en el corto plazo, a menos que se adopten medidas para suavizar la transición. “El boliviano ya perdió valor: no es solo la cotización oficial, es el tipo de cambio en el mercado paralelo, que refleja la presión contenida por la escasez de divisas”, explicó.
Sobre el crédito, Mendieta advirtió que Bolivia vive una contracción: por cada Bs 100 de depósitos, hoy solo se prestan Bs 72, mientras que en gestiones anteriores el ratio era de Bs 95. Además, el 48% del portafolio bancario está sujeto a regulación de tasas, lo que desincentiva el crédito productivo. “Hay una bomba de tiempo en el sistema financiero. Las tasas de interés van a subir. Y cuando eso ocurra, muchas empresas se verán en problemas si no han ajustado su estructura de costos”, señaló.
De cara al 2030, Mendieta esbozó un escenario en tres fases: de 2025 a 2027, “ajuste y sinceramiento”, con dolor económico, pero también oportunidad de reforma; de 2028 a 2029, “resistencia y resiliencia”, con reacomodo institucional y empresarial; y a partir de 2030, una fase de “transformación productiva”, siempre que se tomen decisiones correctas ahora. “Bolivia necesita una hoja de ruta, no parches ni promesas”, enfatizó.
Finalmente, identificó cuatro sectores que pueden liderar el crecimiento si se dan las condiciones: agroindustria, servicios digitales, minería e industria forestal. “Tenemos futuro, pero primero debemos ordenar la casa. El mayor riesgo no es la crisis, sino seguir negándola”, concluyó.

