La calle no es hogar, pero en Bolivia miles de niñas, niños y adolescentes la habitan cada noche. Esta es la realidad que retrata “Diario desde La Paz”, el nuevo documental impulsado por la Fundación Alalay, una organización que desde hace 35 años trabaja por la restitución de derechos de la niñez en situación de calle, abandono y violencia.
La producción, construida desde la mirada de sus protagonistas y con el acompañamiento de educadores sociales, busca mucho más que conmover: apunta a generar conciencia y compromiso real desde el sector público, privado y la cooperación internacional.
“La Fundación Alalay nació en 1990 para responder a una emergencia social que aún persiste: el abandono infantil. Desde entonces, más de 45.100 niñas y niños han sido acompañados en procesos de recuperación e integración”, señala Ariel Ramírez Quiroga, director de Planificación de Alalay.
Actualmente, con presencia activa en La Paz, El Alto, Santa Cruz, Tarija, Montero, Warnes, Viacha y El Torno, la institución atiende a más de 4.500 menores por año mediante cinco programas principales: prevención, intervención en calle, casas de acogida, incidencia y sostenibilidad.
Según datos propios y de estudios de campo, más de 8.000 niños y adolescentes vivirían actualmente en situación de calle en Bolivia, una cifra que contrasta con el dato oficial más reciente del INE, fechado en 2014, que reportaba apenas 1.200 casos. “La mayoría de estos menores son víctimas de violencia intrafamiliar, explotación sexual, consumo de sustancias o trata. Esta problemática es estructural, pero también silenciada”, lamenta Ramírez.
Documental como herramienta de cambio
El proyecto audiovisual “Diario desde La Paz” fue producido con el apoyo de Solidaridad Infantil de Dinamarca y el equipo de Alalay. “No queríamos otro informe. Queríamos una narrativa cruda, real, que pusiera rostro a las cifras y mostrara la vida desde el asfalto”, explica Ramírez. La obra es también una invitación al sector empresarial, educativo y cultural a involucrarse activamente en la causa.
Los objetivos son múltiples: recaudar fondos, sensibilizar a la opinión pública, abrir espacios de diálogo con autoridades e incentivar alianzas con empresas mediante acciones de responsabilidad social. “Está en marcha una gira nacional en Santa Cruz, La Paz y El Alto, y se prevén proyecciones internacionales y en plataformas digitales bajo modalidad pago por ver, con los fondos destinados íntegramente a sostener los programas de atención directa”.
Impacto económico de la reinserción
Más allá del impacto humano, la reintegración de un niño o adolescente genera un retorno económico mensurable. Diversos estudios internacionales citados por Alalay señalan que por cada dólar invertido en protección infantil, el Estado podría ahorrar hasta siete dólares en gastos futuros en salud, justicia o seguridad. “Invertir en infancia no es caridad, es desarrollo sostenible”, enfatiza Ramírez.
Pese al compromiso de organizaciones como Alalay, el contexto actual no es fácil. La contracción económica y la reducción de la cooperación internacional afectan directamente la capacidad operativa de las fundaciones. La atención integral a la niñez en calle requiere recursos humanos especializados, programas prolongados y una fuerte articulación institucional.
“Como país no podemos darnos el lujo de perder más generaciones. Cada historia que logramos rescatar es una inversión con retorno social, económico y moral”, concluye Ariel Ramírez. “El documental no es el final del camino. Es apenas el comienzo de una conversación pendiente que involucra a todos los sectores”.

