jueves 27/1/22

Concluye un año con la esperanza de días mejores para la industria boliviana

Ibo Blazicevic es presidente de la Cámara Nacional de Industrias - CNI Bolivia

La Cámara Nacional de Industrias (CNI), al concluir el 2021 con la esperanza de días mejores para la industria boliviana expresa que además de las perspectivas macroeconómicas las empresas industriales del país aportan sus insumos para construir una perspectiva amplia del desempeño de la economía.

En este contexto, la CNI estima una recuperación del PIB de la industria manufacturera (excluyendo los rubros relacionados a la minería y gas) para el 2021 en torno al 4%, lo que significa un desempeño insuficiente para alcanzar el nivel de actividad previo a la pandemia. Hay que recordar que la contracción del PIB Industrial en el 2020 fue de 8,4%, por lo que, al actual ritmo de recuperación, volveríamos a los niveles de actividad industrial observados en el 2019 recién en el 2023.

Evidentemente cada uno de los sectores de la industria ha enfrentado condiciones diferentes, sin embargo, los factores transversales que explican la lenta recuperación de la industria manufacturera son el contrabando, la reducción del crédito, la creciente conflictividad social y los problemas en las cadenas de provisión.

El contrabando y la informalidad (la otra cara de la moneda), se han visto incrementados a partir de la situación cambiaria entre Bolivia y sus vecinos. Brasil, Argentina, Chile y Colombia, después de Turquía, han sido las economías cuyas monedas se han devaluado de manera más acelerada durante el 2021. Estas devaluaciones, impulsadas por los fuertes estímulos monetarios implementados durante la pandemia y la salida de capitales de la región, que ya se venían registrando aun antes de la pandemia, han abaratado de manera extraordinaria los productos de esos países y, por lo tanto, han generado una situación poco sostenible para la industria nacional.

Es claro que existe una vinculación directa entre el contrabando y la informalidad, que se refleja en el mercado, por lo que  margen de competir de manera asimétrica con la producción formal, el contrabando ha obligado a muchas empresas a reducir sus márgenes de ganancias solo para cubrir sus costos. Este no ha sido un problema exclusivo de la industria, ya que ha afectado también a los productores de alimentos, artesanos y, en el ámbito industrial, principalmente a aquellos sectores relacionados a los alimentos procesados, bebidas y productos del cuidado personal, hogar y limpieza, todos ellos muy representativos.

A lo anterior hay que agregarle el creciente costo del dinero, empujado por la falta de liquidez en el mercado, el incremento de los indicadores de riesgo y una agresiva estrategia de financiamiento del sector público en el mercado interno. Todos estos factores han repercutido en la reducción del crédito disponible para el sector industrial y privado en general. En un momento en el que requerimos crédito para reactivar y reencausar el procesos productivo, el dinero se ha vuelto muy escaso y caro.

En tercer lugar, los conflictos políticos y sociales, y un avance lento en la campaña de vacunación, han incrementado el riesgo a nivel general en la economía, por lo que estos factores han derivado en un incremento en los costos operativos de las empresas industriales. Estos conflictos, que vienen ya desde el 2019, deberían haberse mitigado después de los procesos eleccionarios, sin embargo, en muchas regiones más bien parece haber sucedido lo contrario. En la medida que no encontremos espacios de diálogo y resolución de los conflictos políticos y sociales, la economía difícilmente podrá reactivarse.

De la misma manera, mientras el proceso de vacunación siga avanzado de manera lenta, los patrones de consumo de las familias van a seguir siendo cautos, al igual que las restricciones municipales, que hemos enfrentado, durante las primeras olas de la pandemia, podrían volverse a ver, lo que trae consigo gastos extraordinarios para las empresas. Estos costos se constituyen en una carga adicional en un entorno muy agresivo para la actividad industrial.

Finalmente, las rupturas de las cadenas de provisión, la crisis logística y los problemas en las cadenas de producción de insumos han generado retrasos en la producción, incrementos en los costos de transporte y dificultades para la realización de la producción, sobre todo durante la segunda mitad del año.

Ante este escenario, nuestra perspectiva para el 2022 estima una recuperación de la industria del orden del 4%, si y solo si los factores señalados se mitiguen y, sobre todo, la política de lucha contra el contrabando adquiera algún grado de relevancia. Para la economía en general prevemos una recuperación del PIB cercano a los valores estimados por los organismos internacionales (entre 3 y 3,5%). Los motivos por los que estimamos este desempeño radican en la perspectiva en el manejo de la política económica que plantea que la industrialización con sustitución de importaciones se llevará adelante con la creación de empresas públicas, que desplazan a la inversión privada e impulsa una mayor presión recaudatoria sobre los contribuyentes para financiar la inversión pública y aliviar el déficit fiscal. Por lo tanto, el sector privado podría ser más sobre fiscalizado y sobre normado con fines recaudatorios.

Es claro que todos buscamos un crecimiento sostenido y sustentable, y para eso, además de mitigar los problemas que hemos señalado, debemos llevar adelante algunas tareas en el 2022. La primera de ellas es asegurar la provisión de energía para la industria (gas y electricidad), para lo que es necesario conocer el estado de situación de aparato de extracción y producción de energía. Solo en el departamento de La Paz son más de 160 industrias que tienen como principal fuente energética al gas. Descuidar la provisión de cualquier energético, en un momento en el que debemos facilitar la actividad seria un contrasentido enorme.

Una segunda tarea es hacer más eficiente la lucha contra el contrabando. Nuestras estimaciones sugieren que solo se decomisa entre el 2 y 3% del verdadero volumen de productos que ingresan al país de manera ilegal. Esto se refleja en los mercados y también en los precios, pero aunque en el corto plazo parece algo positivo para las familias consumidoras, el deterioro de las condiciones laborales, la fuerte salida de divisas y la destrucción de los circuitos productivos nacionales representan costos muy altos para el país.

En tercer lugar, debemos asegurar que el financiamiento interno pueda llegar a todos los actores de la economía, ya que el bache de liquidez que ha representado la pandemia se sigue arrastrando en los balances de muchas empresas que requerirán crédito para sostener sus operaciones. De la misma manera, hay que evitar los incrementos en las presiones recaudatorias y regulatorias sobre el sector formal de la economía, que podrían deteriorar aún más el clima de inversiones en el país.

La pandemia ha sido muy costosa para nuestro país, sin embargo, también nos ha dado la oportunidad de repensar nuestro modelo de crecimiento y desarrollo, entender la importancia de crecer bajo un nuevo esquema de esencialidad para cada uno de los actores en la cadena productiva y valorar el aporte de cada uno de ellos a la estabilidad y bienestar de todos los bolivianos.

Concluye un año con la esperanza de días mejores para la industria boliviana
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