Nacida en Bolivia hace 36 años, Pro Mujer se ha convertido en una de las organizaciones de inclusión financiera con enfoque de género más importantes de la región. Tiene operaciones en Nicaragua y Guatemala, mientras que su modelo de salud y asistencia técnica alcanza ya a 23 mercados de América Latina. Su modelo integra servicios financieros con salud preventiva, educación financiera, capacitación digital, apoyo al emprendimiento y programas de atención a víctimas de violencia.
Pro Mujer atiende hoy a más de 105.000 personas al año en Bolivia, de las cuales cerca del 70% son mujeres - principalmente emprendedoras vinculadas a la economía informal - y 74% son milennials y generación Z. Además, estima haber impactado directamente a más de 2,5 millones de mujeres bolivianas desde el inicio de sus operaciones, con beneficiarios indirectos que se multiplican por cuatro.
Pese al complejo entorno país, la entidad mantiene indicadores financieros sólidos. Según datos institucionales y reportes recientes, Pro Mujer cerró 2025 con una cartera de créditos de $us 185,4 millones, que tuvo un crecimiento interanual de 2,84% y una mora cercana al 3,4%. Asimismo, registró un coeficiente de adecuación patrimonial (CAP) de 17.44% por encima del mínimo regulatorio exigido.
La cartera de microcrédito grupal concentra el 43% y fue diseñada para personas que no cuentan con garantías tradicionales ni historial financiero formal; precisamente por eso, asegurar condiciones adecuadas para la inclusión financiera en el país es un objetivo central de Pro Mujer.
Desafíos regulatorios
Consultada por Economy, Carmen Correa, CEO de Pro Mujer Internacional, señaló que las instituciones financieras de desarrollo que operan en Bolivia hoy enfrentan desafíos regulatorios y de financiamiento, que podrían limitar su capacidad de ampliar el acceso a servicios financieros para los sectores más vulnerables.
Correa destacó la importancia de avanzar hacia marcos regulatorios que reconozcan las particularidades de las entidades con propósito social y faciliten el desarrollo de modelos de inclusión financiera sostenibles. “Las IFD no somos iguales a un banco tradicional. Tenemos un propósito social. En el caso de Pro Mujer, trabajamos con mujeres que muchas veces ni siquiera tienen acceso a una cuenta bancaria”, enfatizó Correa.
La ejecutiva subrayó que Bolivia necesita avanzar hacia una regulación más flexible y adaptada a la realidad de las microfinanzas y la economía informal, para seguir fomentando la inclusión financiera real y proteger a los sectores más vulnerables.
“Hoy nos encontramos con barreras a nivel local y un acompañamiento que podría ser más fluido por parte del regulador”, afirmó la ejecutiva, a tiempo de destacar la importancia de contar con una normativa diferenciada para entidades que combinan objetivos comerciales con un fuerte propósito social y de inclusión financiera.
Otros retos locales
Más allá del crédito, Correa sostiene que es clave que la regulación pueda proteger y fortalecer servicios complementarios que hoy son fundamentales para miles de mujeres, como los que brinda su institución: salud preventiva, educación financiera, capacitación digital, apoyo al emprendimiento y programas de atención a víctimas de violencia. Pro Mujer benefició a más de 105.000 bolivianos con servicios asequibles de salud.
El contexto macroeconómico boliviano también aparece como un factor de preocupación. La escasez de dólares, las dificultades para transferencias internacionales y el aumento del costo financiero están afectando especialmente a entidades como las IFD, que históricamente dependieron de líneas multilaterales y fondos internacionales de impacto.
Pro Mujer financia parte importante de su cartera mediante emisiones, titularizaciones y recursos provenientes del exterior. No obstante, la CEO de la organización reconoció que muchos inversionistas internacionales mantienen cautela frente a Bolivia. “Hay financiadores que quieren volver al país, pero todavía están esperando señales claras. Bolivia tiene mucho potencial, pero necesita generar condiciones propicias para atraer inversión”, concluyó Carmen Correa.
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