La decisión del Gobierno de abandonar el régimen de tipo de cambio fijo, vigente durante casi quince años, abre un nuevo escenario para la economía boliviana y, sobre todo, para el presupuesto de las familias. Aunque el objetivo oficial es acercar el precio del dólar a las condiciones reales del mercado y reducir la brecha con el mercado paralelo, especialistas advierten que el proceso traerá efectos inmediatos sobre el costo de vida, especialmente en bienes importados, medicamentos y obligaciones pactadas en moneda extranjera.
La Resolución Ministerial 245 establece que el Banco Central de Bolivia (BCB) dejará de fijar administrativamente el tipo de cambio y calculará diariamente un Tipo de Cambio Oficial (TCO) con base en las operaciones de compra de divisas realizadas por las entidades financieras. Según el Gobierno, la medida busca preservar la estabilidad macroeconómica, mejorar la competitividad de las exportaciones y responder a la disminución de las Reservas Internacionales Netas y a la creciente escasez de dólares.
Medicamentos y productos importados, los primeros en subir
Uno de los sectores que se prevé experimente los efectos del nuevo régimen cambiario es el farmacéutico. El economista Carlos Aranda explicó que la industria depende en gran medida de insumos y productos importados, por lo que el incremento del costo del dólar tenderá a reflejarse en los precios al consumidor.
"Los medicamentos probablemente serán de los primeros productos donde se observe un traslado importante del incremento del tipo de cambio", señaló durante una entrevista en el programa Factor K de ESN LIVE.
El economista explicó que el impacto sobre los productos importados no será uniforme. Señala que bienes como electrodomésticos, equipos tecnológicos y otros artículos comercializados por empresas importadoras ya venían fijando sus precios con base en la cotización del dólar paralelo desde finales de 2023, cuando comenzó la escasez de divisas. En ese escenario, el principal cambio estará en los costos de importación, ya que los impuestos dejarán de calcularse con el antiguo tipo de cambio oficial y pasarán a regirse por el nuevo esquema cambiario.
"Ese incremento en los impuestos de importación puede ser absorbido por las empresas o trasladarse parcialmente al consumidor final; dependerá del nivel de competencia que exista en cada mercado", añadió.
En la misma línea, el economista y docente universitario Fernando Romero consideró que el nuevo esquema elevará el costo en bolivianos de medicamentos y equipos médicos; pero también en el ámbito tecnológico, vehículos, maquinaria y otros bienes importados, especialmente mientras el tipo de cambio continúe ajustándose hacia niveles más cercanos a la oferta y demanda del mercado.
En su análisis “Bolivia: Después de casi 15 años el país migra de un régimen cambioario fijo a uno flexible”, destacó que las industrias que dependen de materias primas importadas enfrentarán mayores costos de producción, situación que podría trasladarse parcialmente a los precios finales de diversos productos de consumo.
La canasta familiar no subirá de manera uniforme
Los especialistas coinciden en que el impacto sobre los alimentos será heterogéneo.
Aranda sostiene que los productos con un alto componente importado o aquellos cuyos costos dependen de insumos adquiridos en el exterior tenderán a encarecerse primero. En cambio, los alimentos de producción nacional conservarían una mayor competitividad frente a los importados, aunque el comportamiento dependerá del nivel de competencia existente en cada mercado y de la capacidad de las empresas para absorber parte del incremento de sus costos.
Romero agregó que la depreciación inicial del boliviano incrementará las expectativas inflacionarias durante los próximos meses, lo que podría traducirse en un aumento gradual del costo de numerosos bienes y servicios, particularmente si no se corrigen los desequilibrios fiscales y persiste la escasez de divisas.
Menor poder adquisitivo
Más allá del comportamiento de productos específicos, ambos economistas coinciden en que el principal desafío para las familias será la pérdida de poder de compra.
Aranda explica que este proceso ya comenzó hace varios meses, cuando el mercado paralelo empezó a marcar un precio distinto para el dólar y muchos importadores ajustaron sus costos sobre esa referencia.
"La depreciación del boliviano ya estaba ocurriendo; ahora simplemente el mercado oficial comienza a reflejar una realidad que ya existía", sostiene.
Romero considera que la flexibilización cambiaria constituye una corrección necesaria después de varios años de presión sobre las reservas internacionales, pero advierte que el nuevo régimen no eliminará por sí solo la inflación ni resolverá la escasez de dólares.
En su criterio, mientras persistan el déficit fiscal, la caída de las exportaciones tradicionales y la limitada inversión extranjera, el tipo de cambio continuará enfrentando presiones alcistas que terminarán repercutiendo en el costo de vida.
Créditos y anticréticos en dólares
Otro de los grupos más expuestos será el de las personas que mantienen obligaciones pactadas en moneda estadounidense.
Aranda advierte que quienes reciben ingresos en bolivianos, pero deben pagar créditos en dólares, enfrentarán un incremento del costo efectivo de sus cuotas a medida que el tipo de cambio continúe ajustándose.
Romero coincide en que los préstamos y contratos de anticrético denominados en dólares serán los más afectados por el nuevo régimen, ya que cualquier depreciación adicional del boliviano incrementará el monto necesario para cumplir esas obligaciones. En contraste, prevé que los nuevos contratos inmobiliarios tenderán a negociarse cada vez más en moneda nacional para reducir el riesgo cambiario.
Un cambio necesario, pero insuficiente
Aunque ambos economistas consideran que la flexibilización cambiaria corrige una distorsión que se había vuelto difícil de sostener, también coinciden en que la medida representa apenas el primer paso para normalizar el mercado de divisas.
Romero sostiene que el éxito del nuevo régimen dependerá de la recuperación de la oferta de dólares mediante mayores exportaciones, inversión extranjera, disciplina fiscal y fortalecimiento de las reservas internacionales. Sin esas condiciones, afirma, el nuevo esquema solo administrará la escasez de divisas sin resolver sus causas estructurales.
Aranda comparte esa visión y señala que la evolución de los precios dependerá, en buena medida, de la capacidad del aparato productivo para adaptarse al nuevo escenario y del comportamiento de los consumidores frente a una economía que, desde ahora, estará mucho más expuesta a las variaciones del mercado cambiario.

